Banca y banqueros

Cuatro son los economistas españoles que ocupan puestos de máxima responsabilidad en la alta supervisión y regulación internacional. Casi un pleno: el ex subgobernador del Banco de España Fernando Restoy, como presidente del Instituto de Estabilidad Financiera, con sede en Basilea; el ex ministro Luis de Guindos, en Fránkfort, en su condición de subgobernador del Banco Central Europeo (BCE); el ex secretario de Estado José Manuel Campa, al frente de la Autoridad Bancaria Europea (EBA), con sede ahora en París a raíz de la movida del bréxit, y el gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos, que hace unos días fue elegido -compatible con su puesto actual- presidente del Comité de Supervisión Bancaria, máxima organización mundial en la materia.

A juicio de los analistas, esta vuelta a jugar un papel relevante en las instituciones financieras transnacionales debe ser el primer paso para que España aumente su presencia en otros ámbitos de los que o bien nuestro país se había alejado o bien otros nos habían desplazado. No obstante, la composición de la nueva Comisión Europea que surja de las elecciones de mayo y el papel que España juegue en ella será momento importante para medir el alcance del regreso. Si los nombramientos antes indicados son de carácter técnico, los que lleguen a producirse en Bruselas serán más de índole política.

De todas formas, se dice que algo no habremos hecho tan mal como para que internacionalmente se vuelva a confiar en nuestros técnicos. No en vano, a día de hoy España es el único país miembro de la UE que ha hecho los deberes en el sector o se esmera en hacerlos; un sector, como tantos otros, muy castigado en su día por la crisis global, pero también contaminado de puertas para adentro siquiera a nivel de imagen por los escándalos de las Cajas.

Estos momentos de satisfacción han venido a coincidir, sin embargo, con una mala noticia para los Bancos. El sector tenía este 2009 marcado en rojo como el año de la normalización de la política monetaria en la zona euro. Pero tendrá que lidiar al menos hasta 2020 con unos tipos de interés que ya encadenan tres años al 0 por ciento. Es el nuevo escenario marcado por el Banco Central Europeo, que llega acompañado con la vuelta a la política de inyección de un volumen relevante de liquidez a bajo precio.

Por este camino se pretende mejorar la financiación de empresas y familias, contribuir al aumento del consumo y de la inversión y, en definitiva, al crecimiento económico y creación de empleo en la eurozona. A él se confía la recuperación.

Evidentemente, en estas condiciones de barra libre monetaria –la tercera que viene- mal puede vivir la Banca comercial de su tradicional y principal negocio cual es la concesión de crédito. Dicho en términos más técnicos, los bajos tipos de interés estrechan de forma importante los márgenes de las entidades financieras, inciden sobre su cuenta de resultados y afectan a su rentabilidad. Mal panorama para ellas. Y sin Banca –dicen los analistas- no hay recuperación posible ni crecimiento sostenible.

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