Ecos del 8-M

EL DÍA DE LA MUJER nos deja la pesadilla macabra de tres asesinadas, dos gallegas, la expresión más cruel de violencia machista que eleva el número de víctimas a la cifra escalofriante cercana al millar.

Hay otras formas de violencia, también crueles, porque “matan lentamente” al someter a las mujeres a un proceso de des­trucción interior -en el matrimonio o en la vida de pareja- me­diante el insulto, el acoso, la marginación o el aislamiento social que sufren en silencio, incluso sin el apoyo de los más cercanos. Por tanto, cabe esperar que los gobiernos -y la sociedad-, protejan a las víctimas aplicando la ley a asesinos y maltratadores. Si no es así, la movida del viernes habrá sido inútil.

Las mujeres también son víctimas de la desigualdad que tiene su máxima expresión en la diferencia salarial -en Galicia llega al 30 por cien-, que va unida a trabajos precarios, carreras laborales cortas, la conciliación que asumen optando por jornadas reducidas… Desigualdad también en las tareas del hogar que una bateeira expresaba gráficamente “o bateeiro non pensa qué vai facer de comer, a bateeira si”. No se puede consentir que una mujer curre como el que más y cobre como el que menos. Ahora bien, la igualdad no se resuelve dando “brincos sectarios” en una manifestación. Se conquista legislando en el Congreso, en la empresa, en la familia… Bien entendido que la igualdad, en palabras de Concepción Company, académica de la lengua en México, no está en la estupidez del lenguaje inclusivo, “en que te llamen arquitecta, médica o abogada. Igualdad es que me contraten igual, me paguen igual y que tenga las mismas oportunidades”.

Este comentario quedaría incompleto si no recuerda a tres mujeres agraviadas en los últimos días: Montserrat del Toro, la secretaria judicial perseguida con saña por el independentismo; Inés Arrimadas, que recibió insultos graves de Toni Albá, insultador oficial del procés; y Soraya Rodríguez, despreciada por sus ex compañeros del PSOE. ¿Escucharon a alguna feminista salir en su defensa

Última anotación. Al machismo lo sostienen hábitos sociales centenarios y es transversal. Hay “machos alfa” en la derecha, en la izquierda, en el centro, en toda la sociedad. ¿Cómo erradicarlo? El remedio pasa por la educación en la familia, en la escuela, en el ámbito laboral y social… para eliminar los elementos estructurales que lo sostienen. Educación todo el año, no solo en torno al 8 de marzo.

 

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