El hombre acecha

Las calles se han vuelto a llenar de voces mayoritariamente femeninas y el 8M ha empezado a sacralizarse con la fuerza de las mayorías anónimas, las que verdaderamente cuentan a la hora de cambiar el curso de las sociedades. En este segundo año de gloria lo importante no ha sido el impacto y seguimiento de la huelga sino la confirmación del poder de la calle y la reacción de algunas organizaciones políticas contrarias. El destape de quienes no desean la igualdad entre mujeres y hombres ha levantado el estandarte de la reacción conservadora, de los añejos privilegios, y se les han caído las careta

Mientras caminaba en medio de la manifestación de una juventud vigorosa, viva y solidaria, también me alegró ver a generaciones ya jubiladas, a gente adulta cargando con el peso de otras reivindicaciones y logros que, ¡esperemos!, ya están consolidados. Todo era orden y concierto, diversidad y unidad, reivindicación y fiesta. Aunque son inevitables las banderas de sindicatos, organizaciones sociales y partidos políticos, las riadas humanas y el color morado han sido protagonistas indiscutibles de un movimiento social muy potente. Imparable.

La crónica podría ser la de una gran fiesta. Y ese sentido debe ser vigilado. Esperemos que nadie tenga la tentación de declarar el 8 de marzo festividad laica. Puede ser una reacción traicionera en la que fácilmente se cae, como ya ha sucedido con otros movimientos históricos. Sacralizar e institucionalizar una reivindicación es uno de tantos métodos para aplacarla, de atraparla bajo las garras de los poderes fácticos. Recordemos las luchas obreras del pasado y comprobemos como el 1 de mayo, Fiesta Internacional, Día del Trabajo, se ha convertido en mañanas de banderas, discursos complacientes y tardes de paseo familiar. Aquellos movimientos obreros capaces de clamar en las calles bajo la unidad de intereses sociales de cambio y progreso, el día uno de mayo se van de camping si amanece soleado.

Desde el impacto del 8M de 2018 sabíamos que la reacción se había puesto en alerta, intuíamos que templaba gaitas esperando ver si el incendio se apagaba solo. Pero no han podido evitar el propio estallido inquisitorial que llevan dentro. El furor de Vox, el descuelgue del PP-Casado y la calculada ambigüedad de Ciudadanos, han construido una peligrosa trinchera que puede convertir a un movimiento social pacifico en una confrontación peligrosa e indeseable.

Lamentablemente en el PP y Cs han valorado más la estrategia electoral que la realidad social en la que se mueven las reivindicaciones de la mujer. La conjunción con Vox puede considerarse un error más, pero semejante calificación sería benévola. El machismo latente en un amplio sector de la derecha tradicional continúa mandando en los dos partidos, donde también existen hombres y mujeres que habrían mostrado su solidaridad e intereses en medio de las manifestaciones.

Como en los versos de Miguel Hernández “el hombre acecha”. Puede tener otro rostro, vestir distinta indumentaria, pero la esencia es aquella misma temida por el poeta en sus días de cambio. La lleva Vox en la genética y está consiguiendo sembrarla más allá de los límites de su propia y anacrónica militancia.

Periodista

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