Acotaciones

 

** Inclinadas las cabezas como un junco; arrepentidas en ayuno, saco  y ceniza, dentro de la mejor tradición judaica del tiempo cuaresmal en que estamos,  aparecieron la portavoz Celaá y la titular de Trabajo, Magdalena Valerio, en la rueda de prensa posterior al Consejo de ministros último. Estuvieron  cautelosas ante la decisión que tres días después habría de tomar la Junta Electoral (JEC) sobre el denunciado uso electoralista de tales comparecencias ante los periodistas, teóricamente  informativas.

Como era de esperar, la JEC no ha cerrado el altavoz gubernamental de los viernes, aunque bien es cierto que Moncloa podría informar por escrito, como tantas veces se hace, para así amortiguar las tentaciones propagandísticas.

De todas formas, a los creyentes se nos predica que la cuaresma no puede quedarse en una operación de maquillaje externo; que el tiempo de arrepentimiento supone una invitación a la conversión interior; que de la abundancia del corazón habla la boca. Pero en el caso que nos ocupa, de propósito de la enmienda, nada de nada.

Para comprobarlo, no  hay más que repasar la foto de las ministras y esposa del presidente vociferando contra la oposición política en la manifestación de la izquierda feminista. Un comportamiento sin precedentes en nuestra amplia geografía democrática. Con la foto de Pedralbes,  ésta del 8-M debería pasar a lo peor de los anales políticos.

** Resultaría enternecedor si no fuera simulado comprobar la mucha preocupación  que el Gobierno dice sentir por el bienestar de los españoles. Por lo que el mismo Pedro Sánchez ha contado en su célebre “Manual de Resistencia”, la angustia que le sobrevino  ante todo lo que le caía encima con la moción de censura que iba a pilotar, casi le provoca un severo ictus cerebrovascular de tantos dolores de cabeza como hubo de soportar. Y a la insigne vicepresidenta Carmen Calvo, hoy también portavoz oficial en las grandes solemnidades, se le parte su sensible corazón ante la mucha tarea que queda por hacer.

Lo que no pocos nos preguntamos, no obstante, es por qué han dejado echarse encima el final de legislatura cuando llevan gobernando casi un año. Tiempo han tenido para ello. Lo que les ha faltado ha sido lo principal: votos y socios presentables.

** Testimonios políticos y policiales siguen desmontando ante el Supremo el supuesto pacifismo de los golpistas catalanes. Han avalado, entre otros extremos, que no faltaron avisos previos y que tanto en el cerco a la Consejería de Economía como en la propia jornada del ilegal referéndum hubo por parte de los sublevados una utilización política de la violencia.

Me pregunto, pues,  si después de todo, en la calificación definitiva que de los hechos haga, la Abogacía del Estado seguirá queriendo librarles de  la acusación de rebeldía, en lo que está empeñado al Gobierno. Veremos.

** Las primarias estuvieron en principio bien pensadas como mecanismo para dar mayor presencia y protagonismo a la militancia. Peligrosas son, porque de ellas puede salir cualquier cosa y por eso las direcciones nacionales  de los partidos las han acotado de diversas maneras en sus reglamentos internos.

Lo que no cabe –creo- es la perversión que están haciendo de las mismas presentando y patrocinando sin recato público alguno a candidatos concretos, como hizo Pedro Sánchez con Pepu Hernández y la plana mayor de Ciudadanos, con  el pufo de la ex del PP Silvia Clemente. Más que primarias parecen secundarias. ¿Qué credibilidad pueden tener? ¿En todo caso, no sería aconsejable guardar un poco mejor las formas?

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