Cherchez la femme!

La Real Academia de la Lengua (RAE) respondió, el miércoles 20 de febrero de 2019, en Twitter, a la consulta de una usuaria identificada como Betibú que preguntaba por qué el adjetivo ‘marrón’ no se convierte en ‘marrona’ cuando acompaña a un sustantivo femenino, dejando caer que podría tratarse de una discriminación a “las marronas”, y su contestación se ha hecho viral en las redes sociales. La RAE respondió que “hay adjetivos de dos terminaciones, como “rojo, -ja”, “amarillo, -lla” o “listo, -ta”, y otros de una sola terminación, válida para el masculino y para el femenino, como “marrón”, “azul” o “imbécil”.

El feminismo como conflicto se eleva por encima de una diferencia exacta de sexo, aunque no lo excluye, y abunda en la idea cultural de una supremacía masculina, evidente en lo cultural y difícilmente demostrable en lo particular. Es una lucha justa y muy actual, contiene reivindicaciones de todo tipo y otras más prosaicas. Todo construido bajo una deseable idea de igualdad de derechos, reconducción de los roles sociales hacia una indiscriminación de género -por ejemplo salarial- y de erradicación de la violencia machista -también de la que algunas mujeres practican contra los hombres-. Hay quien se ayuda de todo ello para ejercer un posicionamiento social y político.

La violencia es execrable sea cual sea el género que la exhiba y venga de donde venga. Casi lo mismo se puede decir de la desigualdad, salvando excepciones derivadas de los talentos personales -nunca de género- que afectan a lo físico -genética, coeficiente intelectual, etc.-, y se derivan de la formación o de la situación económica y social de cada quien. En determinados ámbitos se podrá avanzar, pero en las capacidades físicas masculinas y femeninas hay que adaptarse a las determinadas realidades. Los cupos pueden corregir ciertas divergencias en lo político, pero la eficacia que para una empresa pueda suponer la presencia de un género u otro en su consejo de administración o en su plantilla de personal, depende de factores ajenos al sexo de cada uno -el cerebro y la cerebra, no son distinguibles con plena corrección y alcance, aunque a todo habrá de llegarse-.

Nada de cuanto cito tiene que ver con la gramática, con la reinterpretación parcial e interesada del conjunto de normas y reglas que nos facultan hablar y escribir correctamente una lengua -no un “lenguo”-, y que nos han permitido entendernos, dialogar y expresarnos, a través de los siglos, con evoluciones y adaptaciones propuestas por el uso y aceptadas por los académicos y lingüistas.

El feminismo -expresado así, en masculino singular – es un movimiento respetable -por cierto, nunca se dirá “nunco” ni “una movimienta feminista”-. Ni la pimienta es pimiento ni la “pilota pilota”, ni las diputadas y diputados asisten a la “Congresa”. Los trabalenguas y los juegos de palabras, son otra cosa -no “coso”-. Siquiera el idiota será idioto, por más que se esfuerce.

El feminismo ha logrado muchos y notables avances en defensa de las mujeres, y diré que para bien de los hombres, de la sociedad y del propio desarrollo de los pueblos. Por favor, no nos confundan y permítannos contribuir a la igualdad entre géneros, con serenidad y sin estériles confusiones lingüísticas, lo que sobran ya son analfabetos funcionales.

Recuerden la anécdota narrada por Francisco Umbral, en su libro “Los alucinados”:

Un día, yendo en coche Pío Baroja con unas marquesas, le explicaban que la mujer ha progresado mucho y ya hasta conduce automóviles:

– No veo yo -contestó- que el taxista sea el modelo de la inteligencia occidental

Pues eso, cuidado con las comparaciones, que los hombres no somos perfectos.

Alberto Barciela es periodista

Es necesarios estar conectado para escribir un comentario Conectar