Que nos guarde Dios

Decía nuestro universal y recordado Antonio Machado que «para dialogar, escuchad primero…luego preguntad». Nuestro poeta exiliado conocía bien su España, la del pueblo y sus chopos, la de sus embestidas y silencios,la de los españolitos que guarde Dios.

Son ochenta años ya desde aquel último viaje que emprendió el poeta en esa nave sin retorno y que bien le pilló ligero de equipaje. Llama la atención que a pesar de tantos años ya, el relato de Machado se vuelve contemporáneo en todo aquello que nos sigue rodeando y aglutinando en este dolor de cabeza en el que hemos conformado esta España que siempre parece partida para que alguna de ellas siempre pueda helarte el alma.

Mientras unos redoblan esfuerzos para eliminar el diálogo entre diferentes, porque entre iguales no es necesario, otros estereotipan la escucha en una suerte de monólogos que en nada mejora nuestras expectativas. La reconciliación, el acuerdo, los compromisos entre diferentes, nos ha cogido la delantera en estos años de sopor y sin los deberes bien hechos. Acunamos la democracia a golpe de movimientos partidistas consiguiendo antes despertar lo peor de nosotros mismos, que dejar medrar una nueva forma de entender la política como bien común entre todos. Porque al final, se trata de eso,de conseguir la vitalidad del camino universal, libre de ataduras y señas, entre todas las almas que recorren esta tierra de la que no fue capaz ni el poeta de desprenderse.

Actualizando a Machado, el que decía que en España , de cada diez cabezas, nueve embisten y una piensa, podríamos decirle que del embiste se ha pasado a la conspiración, al estercolero de los mensajes unificados y repetitivos, dejando al pobre pensador mirando hacia otro horizonte que pudiera llevarlo muy lejos. A lo mejor, hasta podemos metaforear esta etapa como esa realidad a la que nos acostumbran los medios de comunicación,mostrando constantemente a los que se pasan el día estrellando el mensaje más provocador con su necesaria respuesta del contrincante para mayor gloria del disparate. Mientras tanto, los menos devotos que seguimos siendo la gran mayoría, seguimos cavilando este entramado de días, donde la política sigue sin llegar a tiempo a las dificultades más mundanas como los desahucios diarios, la violencia contra las mujeres, los migrantes en el mar o la necesidad de un trabajo estable.

Muchas son las cuestiones que deberían estar en el candelero político para nuestra reflexión. Excesivas son las entrevistas monotemáticas que desprecian la inteligencia de los ciudadanos. De ello, también nosotros, que siempre nos ponen a escuchar, tenemos alguna responsabilidad. En algo deberíamos exigir, para continuar preguntando y repreguntando para no dar por hecho ningún slogan multitudinario y tener al buen silencio en este tiempo necesitado de más lectura y menos imagen. Esa necesidad individual de apostar por saber, y acercarse a una verdad que no sea la de uno,sino la compleja pero completa de casi todos.

Tal vez, sea el tiempo que vivimos algo machaniano. De alejar este encarnizado subjetivismo social para intentar renovar un nuevo objetivismo enraizado en el buen díalogo que escucha y pregunta. Para ello,a lo mejor, podríamos hacer lo que decía el bueno de Antonio: «Si cada español hablara de lo que sabe y de nada más, habría un gran silencio que podríamos aprovechar para el estudio». No nos cuesta nada. Apaguemos tanto ruido para recuperar el tranquilo pensamiento y retomemos, aunque sea de reojo, ese horizonte que tanto nos hizo soñar en democracia, justicia y libertad.

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