Mi barrio

Déjema contarle un cuento. Imagínese un barrio donde vive una comunidad regida por un par de vecinos acaudalados de quienes depende el capital comunitario. Imagine que el vecindario consigue hacerse con las cuentas, que han venido siendo malversadas o mal administradas. Imagine que la comunidad traza un plan para sacar al barrio del barrizal donde lo han metido los dos fulanos, pero cuando van a tomar las llaves de la caja se encuentran con la sorpresa de que siguen en el bolsillo de los opulentos, quienes con la excusa de salvar al barrio de la bancarrota pretenden impedir todo tipo de gastos que no pase por sus manos. Ese es mi barrio.

Imagínese que esos dos genios impiden aumentar el gasto social en un 57 %; suspender la inversión de 220 millones contra la violencia de género que asola las calles; dejar guardados 25 millones que iban destinados a paliar la pobreza infantil; evitar que se gasten 30 millones más de lo habitual en menores; impedirle al vecino del 6.º -reconocido investigador- que disponga de 357 millones más para I+D+i; que le nieguen al constructor, el único que queda en la zona, subir el presupuesto para infraestructuras en un 40 %, hasta llegar a los 7.572 millones; además, a la señora María -con el marido inútil, la pobre- no le subirán el 60 % para dependencia, dejando sin gastar 831 millones más; y los cuidadores no profesionales -son bastantes en este barrio de clase media y baja, mujeres en su mayoría- se quedan sin 351 millones con los que paliar sus esfuerzos; a los diez parados de larga duración de la partida de mus no les renovarán la prestación de desempleo porque pasan de 55 años, rondan todos los 52 recién cumplidos y contaban con la rebaja; igual que Manolito Pérez, de quien dice el señor cura que tiene talento, pero no puede pagar las tasas universitarias y contaba con la elevación de las becas a 1.620 millones, además de las rebajas de las matrículas; Manolito también acariciaba los beneficios del Plan de Choque de Empleo Juvenil, para el que se habían destinado 2.000 millones de 2019 a 2021, ¡una quimera!; los pensionistas del barrio aún tienen la costumbre de sentarse al sol en el parque, ninguno de ellos gana más de 11.200 euros, por lo que estaban ilusionados con olvidar el copago farmacéutico, ya no lo verán sus ojos; al otro lado del arroyo existe un campamento de chabolas, los matrimonios más jóvenes soñaban con un plan para construir 20.000 viviendas protegidas, pero los sueños -ya lo escribió Calderón- sueños son…

La comunidad de vecinos se hizo con las cuentas pero no ha conseguido las llaves de la caja. Se han quedado sin presupuestos, a pesar de conseguir subir las pensiones, el salario mínimo interprofesional, el sueldo de Mariano -el único vecino funcionario público-, el nuevo bono social… Mucho esfuerzo pero poca cosa. Ni siquiera han conseguido limpiar el cementerio, cerrado desde hace cuarenta años a cal y canto.

Sin embargo no todo son malas noticias. Habrá nuevas elecciones. Los dueños de la llave de la caja han anunciado que, evitando todos esos gastos sociales, el barrio subirá dos décimas en crecimiento económico. Pero yo, como en la vieja canción de Lone Star, “cuando doy mi dirección /a quienes brindo mi amistad /al saberla no me quieren visitar”. Con la excepción de los turistas, que aman lo pintoresco.

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