En-redados en nuevas formas de diálogo

“La verdadera amistad busca tres cosas: la virtud, por honesta; el diálogo, como deleite; y la utilidad, como necesidad”. (Plutarco (50 o 46-120) Historiador, biógrafo y ensayista griego)

La máxima expresión de libertad es el diálogo. Don Alonso Quijano y Sancho Panza caminan entre horizontes, conversando, en disímil espontaneidad, de vidas y afanes. Con ellos platican la locura y la cordura, el pueblo y el caballero, el refrán y la cita erudita. Un personaje otorga sentido al otro. Uno no es nadie sin refrendatario. Siquiera lo sería un loco si no hubiera cuerdos. El literato antiguo lograba comunicarse con sus lectores, durante siglos.

El diálogo es el gran eslabón evolutivo. Representa un paso civilizatorio, cuyo paradigma moderno ha sido trastocar el confesionario en el psiquiatra, la razón de un Dios por la sinrazón de las mentes.

Somos pocos, pero tan inmensos que, juntos, nuestro tamaño tiene la dimensión del mundo con su Historia. El afecto y el amor son nuestros mayores alcances como especie sensitiva, la palabra como expresión de individualidad y elemento civilizatorio. El otro, el entendimiento con los demás, ha supuesto la mayor conquista.

Los inmensos avances tecnológicos se imponen sin más tamiz que la intuición trasladada a la pantalla, a 140 caracteres, a un vídeo espontáneo. Las prisas amenazan al ser pensante. Parecemos girar sobre nosotros mismos, como eje de nuestro propio universo, intransitables por otros seres casi miméticos. Quizás estemos en la era de la egolatría espejada, en la que cada uno con su ruido instantáneo busca la implicación de los demás en su propio ser, mientras somos manejados por los poderes oscuros de las redes, por los dominadores de datos -las nuevas almas-. Los mismos que condicionan la capacidad expresiva con la in-libertad paradójica: la salvación es vivir ahora mismo.

En un mundo aparentemente global, la alteridad se insustancia en la falta de diálogo con uno mismo. La suma de genética -familia-, cultura -sociedad-,  educación e imaginación -creatividad- se entregan al poder -política- y al negocio -economía- de unos. Las mafias instrumentalizan el teórico diálogo, mientras el ser, complacido en el consumo, se instala en la salvación individual. Todo ocurre en un sociedad en la que la posteridad cada vez dura menos y en la que ya no hacen falta ni guerras ni diálogos de paz. Vale.

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