El “sanchismo” se aleja cada vez más de los ideales del PSOE

Uno de los más entusiastas partidarios con que cuenta el doctor Sánchez, ex alcalde de una villa ourensana, escribía recientemente, con  entusiasmo que una de las más destacadas cualidades del actual presidente del Gobierno es que “no se considera esclavo ni concernido por sus propias palabras, sino de sus objetivos”. La frase es perfectamente definitoria, a la luz de la experiencia, de quien puede hoy afirmar enfáticamente una cosa y mañana hacer y decir otra, con el mayor cinismo y naturalidad. O sea, que no se puede fiar uno de lo que diga o, peor, hemos de entender que, en este caso, “el fin justifica los medios” . Se puede afirmar cuando no se está en el Gobierno que en Cataluña hubo un caso de rebelión, y aclarar, cuando se está en La Moncloa, que en ese tránsito se ha cambiado de opinión.

Es bastante evidente que Pedro Sánchez no tiene clara lo que se llama “Teoría del Estado”, que en su caso se ha convertido en la “Teoría del depende”. Lo que, si no tuviera tan graves consecuencias, sería una peligrosa frivolidad, lo más grave es que traiciona, arropado por el coro fiel de sus seguidores, lo que creímos principios esenciales del socialismo, y especialmente del propio socialismo español a lo largo de la historia: Que todos los ciudadanos han de ser iguales en derechos y deberes políticos dentro del territorio de la nación, y, en el caso concreto de España, que el socialismo combate el nacionalismo excluyente.

Pero, es más. Se supone que el primer secretario del PSOE ha de atener su actuación al propio programa, documentos y declaraciones del partido. Ahí tenemos, en este caso, la llamada “Declaración de Granada”, de julio de 2013, en la que el PSOE fija su postura, programa y objetivos en materia de política autonómica y configuración del Estado se señala: “Igualdad de derechos básicos de todos los ciudadanos, cualquiera que sea el lugar en el que residan. Sí a los legítimos hechos diferenciales, no a los privilegios o a las discriminaciones”. Aparte de que conviene aclarar que, fuera del ámbito cultural, para un socialista no parece que tenga o deba tener más consecuencias políticas ese “hecho diferencial”, en base a lo que se supone su propio ideario, los sucesivos gestos del doctor Sánchez hacia Cataluña no parecen concordar ni con los ideales sostuvimos por el propio PSOE a lo largo de su existencia ni menos con la famosa declaración a la que aludimos.

¿Está hoy el PSOE de Sánchez, o mejor dicho “el sanchismo” alineado en la defensa de la Constitución como se espera? ¿O esas veleidades hacia Torra y los suyos denota otra cosa? De momento, algunas de las más profundas exigencias del nacionalismo catalán se han ido satisfaciendo, y ahora lo del “relator”. Para vestir al santo, se ha hurgado en todos los casos de los gobiernos anteriores en que se usó de intermediarios, mediadores, mensajeros o contactos de diplomacia subterránea para bajar la tensión en otros conflictos. No vale, por decoro, citar como ejemplo a los propios verificadores alistados por ETA y otros parecidos. Entre el paquete de medidas que Torra ha exigido a Sánchez destaca precisamente, el reconocimiento de facto, previo al de iure, de que Cataluña es un sujeto político igual que España, y al que hay que reconocer como tal, aunque, de momento, ese reconocimiento, insisto, sólo sea de facto, y no de iure (que es la fase siguiente, o sea, reconocimiento a la secesión previo un referéndum de independencia pactado).  Y eso es lo que se busca y el doctor Sánchez concede. España y Cataluña son pues, dos estados que pugnan y este es el mensaje que se presenta o se quiere presentar ante el mundo, lo que requiere una mediación internacional, de un árbitro. Y en esa dirección, el primer paso es pues, que, en la propia mesa de partidos, antesala de negociaciones de más rango, aparezca ya esa figura, que se llama relator.

¿Qué papel tiene el relator? ¿Qué efectos puede tener el ejercicio que se le otorga? ¿Es un notario que da fe, el conductor de la negociación entre iguales, un vicario-delegado de quién?. En todo caso, Torra ha vuelto a imponer al presidente del Gobierno lo que quería. Y lo más vergonzoso e indigno es que el pago que Sánchez liquida para conseguir el apoyo que precisa para seguir, de momento en la Moncloa. Lo que ha quedado meridianamente claro es que el “sanchismo” es un fenómeno y el socialismo otro. Lo malo es que Sánchez está al frente de un partido que sus acciones pueden dañar o destruir.

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