Acotaciones

** De los veintiún puntos que bajo el título “Una respuesta democrática para Cataluña” Quim Torra entregó a Pedro Sánchez en el xuntoiro prenavideño de Pedralbes, en realidad sólo seis, es decir, menos de una tercera parte, se refieren específicamente a aquella comunidad y a las reivindicaciones máximas del independentismo. A renglón seguido, ocho se refieren a la “necesidad de una regeneración democrática de España” y los nada menos que siete finales, al “reto pendiente de la desfranquización” del país.

Veintiún puntos sin desarrollar lo más mínimo (dieciocho no pasan de una línea), escritos a vuela pluma, sin haber dado cuenta de los mismos a su propio partido ni, por supuesto, al Parlamento autonómico. En la “desfranquización” Torra metió a la Monarquía y se olvidó del Valle de los Caídos.

** Quien ha salido más que chamuscada políticamente ha sido Carmen Calvo. Al fin y al cabo ha sido el rostro visible de la desfeita. No es que la hoy vicepresidente hubiera estado muy lucida durante su etapa como ministra de Cultura del ínclito Zapatero. Pero en sus tomas de posición con ocasión de la aplicación del 155 se rehabilitó y se aplicó como lo que académicamente es: profesora de Derecho Constitucional.

Ha vuelto, sin embargo, a las andadas. En detrimento de la ministra Batet, cogió las riendas de la negociación secreta con los golpistas,  y las infantiles, inverosímiles y engañosas explicaciones dadas en dos importantes comparecencias públicas la han terminado por rematar. Dicen que cumplía instrucciones de Pedro Sánchez, que andaría de viaje por el extranjero. No digo que no. Pero peor no lo podido llevar a cabo. Al final cortó por lo sano y a las bravas con un tajante WhatsApp. Todo una chapuza.

Llovía sobre mojado. Porque no habrá que retroceder mucho en el tiempo para recordar la versión  pública que dio sobre su encuentro con el secretario de Estado vaticano, Pietro Parolin, a propósito de la eventual exhumación de los restos de Franco; una versión tan particular y poco ajustada a lo sucedido que motivó algo inusual en las relaciones exteriores de la Santa Sede como fue un mentís oficial.

** Tampoco ha estado nada mal la reacción de los altavoces periodísticos de Moncloa. Han recordado a aquella “Brunete mediática” que allá por los años 90 arremetía sin piedad contra el felipismo gobernante. Algunos, como TVE, han asumido el  lenguaje monclovita de “las tres derechas” y dieron a la concentración de Colón un tratamiento manifiestamente mejorable. Otros, como el pretendido “·periódico global” ha seguido en su escalada prosanchista.

Con todo, pretender quitar legitimidad a la calle porque va en menoscabo de las instituciones se compadece mal con quien no se ha sentido nunca incómodo con las movilizaciones de la izquierda.

** Increíble resulta que Pedro Sánchez reivindique la España “moderada” que salió de la moción de censura. Y lo dice él que la gobierna con podemitas, bilduetarras y golpistas. No obstante, a modo de ilustración y modelo habrá que advertirle que sus correligionarios finlandeses acaban de romper con la extrema izquierda.

** Muy inquieto debe de estar el Gobierno cuando ha vuelto a activar el espantajo de la exhumación de Franco.

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