Faltan médicos

 

Con un cierto enojo ha respondido la ministra  de Sanidad, María Luisa Carcedo, a la pretensión de la Xunta de una convocatoria MIR  extraordinaria (médicos internos residentes) para paliar la escasez de pediatras y médicos de familia en la comunidad.  Y lo ha hecho, además, al estilo Ábalos: poniéndose de perfil, remitiendo la cuestión al Gobierno autonómico y, por supuesto, echando la culpa al PP.

Habría que recordarle, no obstante,  que no se trata de un problema exclusivo de Galicia. En realidad, la ministra misma presentaba hace unos días a las Administraciones sanitarias territoriales el estudio “Estimación de la oferta y demanda de médicos especialistas  España 2018-2030”, en el que se ofrece una radiografía actual y futura del sector.

Dos son sus grandes conclusiones. Por una parte,  que al sistema sanitario público le faltan ya en números redondos 4.000 médicos especialistas. Por otra -lo que agrava más el problema-, que el  20,5 por ciento de las plantillas actuales, esto es, unos 28.500 facultativos tienen sesenta años o más y que se jubilarán no tardando.

El colectivo de jubilables a corto plazo es  significativamente notorio en Castilla y León (tiene uno de cuada cuatro especialistas  por encima de los 60 años y casi el 60 por ciento de los mismos ya no cumplen los 50), seguida de Cataluña, Ceuta y Melilla y Comunidad Valenciana. Galicia anda en el pelotón medio alto, con un porcentaje del 21,7 por ciento; es decir 1,2 puntos por encima de la media nacional.

Al tiempo,  Medicina de Familia se configura como una de las especialidades más envejecidas, siendo como es y deberá seguir siendo clave en un sistema cada vez más volcado en enfermos  pluripatológicos, crónicos y –caso de Galicia- mayores. El 62,5 por ciento de sus profesionales tiene más de 50 años. Con todo, la más madura viene a ser Medicina del Trabajo, con el 72 por ciento por encima de la cincuentena. Y la más joven, Oncología médica. Junto con Pediatría en atención primaria presenta dificultades generalizadas de cobertura de plazas.

Es un problema, pues, de alcance nacional  que va a obligar a replantear aspectos básicos del sistema, como acceso, movilidad, reespecialización  e incentivos para las plazas menos atractivas. A los grandes hospitales de referencia nunca les van a faltar especialistas. El problema lo tendrán los  centros de menor tamaño, que no son pocos Habrá que profundizar –añaden los entendidos- en el cambio en el modelo de gestión para centrarlo más en los equipos. Y en este aspecto la superpalabra es “superdisciplinariedad”.

Todo ello requiere, pues, una coordinación, un abordaje no sólo a corto plazo y una cierta unidad de mercado –llamémoslo así- que sobrepasan las posibilidades  de las comunidades autónomas, como sugiere la ministra minimizando el problema.

Algunas Administraciones territoriales empiezan a caer en la tentación de recurrir a las contrataciones temporales de médicos sin MIR. Son –dicen- quienes  están sacando las castañas del fuego, sobre todo en Urgencias, bajas vacacionales y otras incidencias extraordinarias. Tal vez exageren. Pero no deja ser irregular y hasta temerario el que en este ámbito puedan darse actuaciones profesionales sin el aval de la oposición que suponen las pruebas MIR.

 

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