Crecimiento económico con ralentización

Se desacelera la economía española? Después de tres años creciendo por encima del 3% interanual, el año 2018 cerró con una tasa del 2,5% y las previsiones para 2019 se sitúan en el 2,1%, con tendencia decreciente en los dos ejercicios siguientes. ¿Queda algún consuelo? Según Funcas, el crecimiento superará la media de la eurozona y permitirá continuar la creación de empleo y la reducción del paro, aunque a menor ritmo.

La ralentización se explica por el deterioro del entorno exterior y, en particular, de la economía europea, lo cual impacta en las exportaciones y en el saldo de la balanza corriente, que comprende los saldos por transferencias, mercancías y servicios; es decir, un dato que resume lo que es el país. Así, pues, como quiera que el saldo positivo de la balanza por cuenta corriente tiende a agotarse, y que el entorno exterior no ofrece expectativas favorables, se abre paso un escenario de reformas para impulsar el dinamismo del sector exterior, necesario para seguir creciendo y crear empleo.

Dos economistas, Raymond Torres y María J. Fernández, al presentar las previsiones de Funcas para el trienio 2019-21, sugieren precisamente un escenario alternativo basado en reformas que incrementarían el crecimiento potencial de la economía. La adopción de medidas orientadas a reducir la temporalidad en el empleo –lastra la generación de capital humano–, a mejorar el funcionamiento de los mercados de bienes y servicios, y a incentivar la inversión en educación e innovación, podría elevar la productividad de la economía desde el 0,2% actual hasta el 1%.

Menos claro está el escenario presupuestario, que, como observa Santiago Lago, sigue “lejos de clarificarse”. El proyecto de Presupuestos Generales del Estado para 2019 asume un objetivo de déficit del -1,3%, cinco décimas menos que el que Gobierno estimó en su plan presupuestario de otoño pasado. Para conseguirlo, el Ejecutivo propone un ajuste de dos décimas en las comunidades autónomas y mayores ingresos para las otras tres décimas. Pero la perspectiva de superar los exámenes de coherencia de la AIReF, del Banco de España y de la Comisión Europea y, simultáneamente, recabar un apoyo mayoritario en el Congreso es pesimista, salvo que, como dice este experto, en las próximas semanas se consiguiese desbloquear la modificación en la senda de déficit, una opción que también parece difícil.

En el marco de la negociación presupuestaria, el Gobierno aprobó a finales de 2018 una subida del salario mínimo interprofesional (SMI) del 22,3%, hasta situarlo en 900 euros mensuales en 2019, con la previsión de alcanzar los 1.000 euros en 2020. El Banco de España sostiene que subir el salario mínimo no ayudará a las rentas bajas y su gobernador, Pablo Hernández de Cos, apela a un estudio del supervisor según el cual el incremento del SMI hará que 125.000 personas pierdan su empleo, un 12,7% de los trabajadores con sueldos por debajo de la subida.

El economista Daniel F. Kranz admite que los efectos de la subida del SMI en términos de empleo distan de ser unánimes y dependen en gran medida del plazo temporal. El impacto podría ser importante para determinados grupos poblacionales, como los jóvenes que acceden al primer empleo, y para algunas comunidades autónomas, donde el incremento de la tasa de cobertura podría desplazar del mercado de trabajo a personas que ya están en riesgo de exclusión.

Jose Luís Gómez es periodista y editor del digital Mundiario.com

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