Del ‘sí se puede’ al ‘parece que no’

El nuevo capítulo de la teleserie ‘Podemos’ refleja con nitidez la historia del hundimiento de un partido que irrumpió hace ahora cinco años en España, y que hace tiempo que experimenta un retroceso en intención de voto, fuga de militancia, y que empieza a ser sinónimo de desafección electoral y sectarismo orgánico.

A menudo el dogmatismo de la izquierda tiende a la confrontación cainita y a devorar a sus hijos, e Íñigo Errejón, uno de los cinco fundadores y amigos del alma, anunciaba hace unos días su intención de liderar un movimiento al margen de Podemos, de izquierdas, trasversal y un poco españolista para concurrir junto a Carmena a las elecciones a la Comunidad de Madrid.

Hay muchos ejemplos de lo que no se debe hacer en política, pero la relación entre Iglesias y Errejón los sintetiza con mucha precisión. Vistalegre II fue el momento culmen, donde se manifestó con claridad la obsesión del líder por el control del partido, y esa factura la están pagando ahora. Desde entonces, Iglesias ha estado permanentemente pendiente de cortar las alas a Errejón, y este por su parte no ha dejado de preparar la venganza, que sabía que estaría en las elecciones madrileñas.

El meollo de la cuestión es que Podemos predica una cosa y hace la contraria, y a pesar de haber surgido de abajo a arriba, hace tiempo que han dado la vuelta a la pirámide, y es la cúpula la que ordena y manda haciendo efectivo aquello que decía Alfonso Guerra de «quien se mueve no sale en la foto». Se ha convertido en la casa de los líos y las personas que no comparten el liderazgo bolivariano de Iglesias terminan en la papelera como clínex usados.

¿Quién se acuerda hoy de los alegres amigos de la Complu de 2014 que encarnaban un estadio superior de la política sin las miserias de los partidos y de la vieja política? Ahora, en las frías noches de Galapagar, a Pablo Iglesias sólo le queda repasar los recuerdos de un tiempo en donde parecía posible conquistar el cielo, o tal vez revivir aquello que decía Jorge Luis Borges que él recogió en el prefacio de su tesis doctoral, “Cuando se acerca el fin, ya no quedan imágenes del recuerdo, solo quedan palabras”.

Errejón e Iglesias, o el alumno y el profesor, parecen haber roto de manera definitiva, y lo que es más relevante, su quiebra definitiva de confianza mutua ha hecho aflorar los viejos demonios de las luchas internas de la izquierda. Una historia que inevitablemente recuerda lo que se decía en la Transición: «Contra Franco vivíamos mejor». O contra Rajoy, o incluso, contra Vox, que hoy es casi lo único que puede unir a la izquierda.

Si la llegada de la democracia acabó con el Partido Comunista, el más implicado en la lucha contra la dictadura, el fin de la crisis económica está a punto de convertir a Podemos en un fantasma a la sombra de Iglesias. Les empieza a pasar lo que a Cornelio Agrippa, el héroe del cuento de Borges: “Soy dios, soy héroe, soy filósofo, soy demonio y soy mundo, lo cual es una fatigosa manera de decir que no soy”.

Después de perder Andalucía, la izquierda se encamina al desastre, previo paso por las municipales y autonómicas. Su resultado puede poner a Podemos al borde del colapso y condenarle al abismo de la irrelevancia, lo que de paso afectaría al frágil gobierno del socialista Sánchez, del que es socio parlamentario. Y tal vez, a fin de cuentas, esto no sea tan mala noticia para el país.

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