Un vendaval patriótico

El jkueves pasado fueron muchos los ciudadanos arrebatados por el vendaval patriótico que soplaba del Congreso en el acto institucional conmemorativo del 40 aniversario de la Constitución.

El cuadro visual era de un realismo singular y seguramente irrepetible. Allí estaban presentes las figuras señeras de las cuatro décadas de nuestra democracia: los Reyes Eméritos, los tres padres de la Constitución y los ex presidentes del Gobierno vivos, parlamentarios históricos, periodistas veteranos y personalidades de la economía y de la sociedad.

Los discursos de la presidenta del Congreso y del Rey Felipe reconocieron a los protagonistas, presentes y ausentes, que nos legaron esta Carta Magna

Estos y muchos otros que faltaban, liderados por la figura estelar de Adolfo Suárez, el impulso del Rey Juan Carlos y la complicidad de la sociedad española, fueron capaces de despertar del mal sueño de una dictadura, también de 40 años, sentarse y recuperar la democracia plena para el país que políticamente estaba convulsionado, aunque entonces ya contaba con algunas fortalezas económicas y sociales. Hija de sus acuerdos es la Constitución homenajeada que nos hizo a todos libres e iguales y nos trajo hasta aquí conviviendo en libertad y en paz.

Los discursos institucionales de la presidenta del Congreso y del Rey Felipe, ambos impecables, reconocieron a los protagonistas, presentes y ausentes, que nos legaron esta Carta Magna integradora con la que, en palabras del Monarca, fue posible la reconciliación y el entendimiento.

Ella no solo propició un desarrollo económico y social jamás soñado, también nos dotó de medios para superar los problemas y seguir avanzando en las últimas cuatro décadas. Se puede decir que marcó el comienzo de la historia moderna de España que seguimos escribiendo o, dicho de otra forma, el despegue de la España moderna que estamos construyendo. Una bella historia de ilusiones y logros.

Recordar los 40 años fecundos de la Constitución en el marco solemne del Congreso justifica que el arrebato patriótico inicial acabara en un delicioso síndrome de Estocolmo, de identificación plena con aquellos viejos roqueros de la política que trabajaron en su gestación y alumbramiento.

Claro que, en palabras de Calderón, «la vida es sueño y los sueños, sueños son», sobre todo en política. Tras la celebración reapareció la crispación y la falta de entendimiento y hay que esperar por otra generación de políticos que, con más cordura, recuperen el sentido de Estado de sus antecesores del 78 para reformar la Carta Magna. Mientras, toca leerla, respetarla y cumplirla.

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