Copa Libertadores en tierra de conquistadores

Este largo fin de semana, que empezó el miércoles, mis amigos de Madrid se han venido de puente. Por dos motivos bien diferentes: por un lado para que no les den más la vara con esa maravillosa Carta Magna que han escrito ocho de nuestros ilustres, hace ya cuarenta años. Y por el otro porque no quieren que les roce ningún follón que se pueda armar con motivo de ese partido final de la Champions sudamericana entre los equipos argentinos Boca Juniors y River Plate.

Lo de la Constitución Española pase, porque la mayoría tenemos claro de dónde veníamos, aunque unos cuantos parecen añorar aquellos fascistas tiempos de caudillo, falange, grises, cárcel y muerte.

Pero lo del fútbol, lo de esa final, no tiene mucho sentido. Más bien ninguno, a no ser que algún dirigente deportivo o político pretenda sacarle rendimiento cara a próximos comicios. Es lo que parece.

Primero porque ni Boca ni River querían jugar tan lejos de casa; y segundo porque a los aficionados españoles esta final se la trae al pairo, por mucho que insistan los medios deportivos en destacarla como uno de los grandes eventos del planeta.

Por aquí ni siquiera conocemos a la mayoría de los protagonistas del partido y por allá más de uno se preguntará cómo es posible que la final de la copa con la que se honra a los Libertadores de América se dispute en la casa y corte de los Conquistadores.

Personalmente creo que el fútbol, en general, está desmadrado desde que pasó a formar parte del mundo de los negocios; por eso cambié el estadio por la tele y ya no me mueve de casa ni el Celta.

Lo que me duele es que le tomen el pelo a esa gente tan pasional y aficionada que está dispuesta a gastarse un par de miles de euros para asistir en directo a un partido, al que todos vistieron de atractivos deportivos.

Los que su equipo gane la final todavía podrán disfrutar del placer de la victoria y darán por buenos los euros invertidos, pero imaginaos los perdedores: solo se llevarán de Madrid la rabia de la derrota y se pasarán meses diciendo…

—- ¿Pero por qué habré ido?

—- Esto, ché… ¿Me perdonás?

—- Claro…

—- Vós sós gallego, jamás entenderás lo que es un partido River-Boca ni imaginar lo que supone que ambos disputen la final de la Libertadores.

Brais, a pesar del nombre, es futbolísticamente argentino porque nació en Buenos Aires, en Avellaneda, un barrio con equipo propio. Esta vez me dijo que va con Boca…

—- También te diré que los argentinos vienen a España encantados y a los barras bravas ya les dará bola la policía.

Según Brais tampoco le costará un solo euro a España el encuentro porque la seguridad –los diez mil policías que se encargarán de ello- la paga la Conmebol, que es en Sudamérica como la UEFA en Europa, es decir, el organismo responsable de la organización.

En cuanto a los líderes de los “barras bravas”, los que armaron todo este follón apedreando el autobús de Boca en las inmediaciones del estadio de River hace una semana, han recibido autorización judicial argentina para viajar a España… pero la policía de Barajas los mandó a su casa de vuelta.

Así que, lo realmente interesante del evento para los madrileños es a cuánto van a ascender los desperfectos causados por los enfrentamientos de unos y otros hinchas, bravos y menos bravos. Porque nadie duda de que se producirán.

Por eso mis amigos madrileños se han venido de puente a Galicia, en donde anuncian sol y sigue habiendo buenas nécoras.

www.galiciaunica.com

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