La sociedad cansada

 

Comenta el filósofo coreano afincado en Alemania, Byung-Chul Han, que gracias a esta nueva era neoliberal donde uno se optimiza en libertad, hemos superado las situaciones de alienación para cambiarlas por la autoexplotación hasta el colapso. El hombre se ha convertido en un animal laborans “verdugo y víctima de sí mismo”, pero con un horizonte debastador: el fracaso.

De alguna manera, y tras las elecciones autonómicas andaluzas, ese animal laborans nos ha jugado una buena partida de cartas a todos, donde el resultado más ingenuo es explicar cómo ha sido y cuántas trampas nos han ocultado. Y digo trampas no como engaño, sino como estrategia, vendiendo novedades a partir de viejas glorias o cantos de renovaciones para situar los peones de siempre al servicio de intereses igualmente achacosos. Todo sea por seguir respetando nuestras normas de convivencia y no apresurarnos en rabietas que solo desentenderían nuestra norma de convivencia tan cumpleañera.

Hemos pasado de reirnos de ciertas mentiras sobre nosotros mismos a examinar alertados cómo retoma importancia y representatividad esa ultraderecha de siempre y rodeada por el halo de las amistades de siempre. Hace un par de décadas nos vendían que lo importante para el triunfo era unificar siglas. Y ciertamente hemos cambiado de ciclo, porque los nuevos éxitos son aglutinar desde las propias diversidades de siempre. En fin, que hemos pasado de la teoría del gobierno Frankestein a la épica gloriosa de Don Pelayo. Debe ser por ello que llevamos hablando del cambio toda la semana de este hermoso y castizo puente.

Buceando en este filósofo de moda en Alemania, advierte sobre la exigencia en nuestra sociedad de la transparencia. Esa reivindicación que hacemos y nos hacen todos los días hasta “una exposición en exceso que la convierte en mercancía”. Y en ello encuentro reflejos de nuestra actual realidad. Nos venden transparencia de lo que son los políticos, el anecdotario de sus vidas, lo que hicieron y obtuvieron, y se olvidan de mostrarnos los procesos de sus decisiones que, realmente, son las que nos afectan y tienen que ver con nuestro día a día. En verdad, juegan con nosotros como ciudadanos pasivos, tan escandalizados siempre, cuando deberíamos ser conciudadanos comprometidos en una democracia activa, tan alejada de esta democracia de espectadores.
Y así seguiremos hasta final de mes, expectantes ante nuevas formaciones de gobierno y con el discurso nuevamente más visceral para seguir en este colapso incierto de desconfianza. Lo tremendo de todo esto es la entrada en escena de cualquier discurso que signifique la risotada sobre derechos fundamentales de todos, o que la broma optimice el aumento de bulos como verdades y que la simple apariencia sea el resultado de tanta mal llamada transparencia.

Posiblemente, mientras sigamos entre centros comerciales y sesiones de gimnasio, y eso el que pueda, nos quedará la confianza optimista para resurgir de las tinieblas de esta sociedad que rinde mucho pero medita poco. Me quedo con Julio Cortázar y su realismo mágico para defendernos de esta llamada sociedad del cansancio, porque “la esperanza le pertenece a la vida, es la misma vida defendiéndose”.

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