Sin esperanzas en Andalucía

 

​No estoy muy de acuerdo con las extrapolaciones o proyecciones que de unas a otras muy distintas elecciones suelen hacerse. Cada llamada a las urnas responde a planteamientos de salida políticos, económicos y sociales totalmente diferentes; a unos cabezas de lista diferentes, más cercanos e influyentes en locales y autonómicas que en unas generales. Por tanto, querer hacer de unas regionales como las de hoy en Andalucía una especie de test nacional de partidos y líderes no parece lo más provechoso.

​Mejor proceden, pues, quienes se han ocupado estos días de otras cosas. Por ejemplo, de por qué en aquella comunidad nada cambia y parece que nada va a cambiar. Porque, como muy bien se sabe, el Partido Socialista viene ganando (con la excepción de 2012) y gobernando desde las primeras autonómicas habidas (mayo 1982). Y así va a suceder de nuevo hoy si de la mayoría de las encuestas publicadas hacemos caso. No habrá que pasar por alto que salvo el PSOE y Susana Díaz todos los demás juegan en un más que difícil campo contrario.

Otra cosa será el reparto de escaños. En este punto las encuestas difieren un poco más. Así pues, habida cuenta de la fragmentación de voto que en la actualidad con la presencia de las llamadas formaciones emergentes, lo mejor es esperar al final del escrutinio para barajar las posibles combinaciones postelectorales y, en definitiva, las alternativas de Gobierno. Algunos asientos pueden decidirse a última hora por un pequeño `puñado de votos.

​No deja de resultar, con todo, paradójico que si según algún sondeo como el del CIS el 60 por ciento de los encuestados reconocen querer un cambio de gobierno, luego buena parte de tal colectivo pronostique que, al final, PSOE y Susana Díaz van a seguir ocupando el palacio presidencial sevillano de San Telmo.

​Hablando en términos golfísticos, la tarjeta que tanto socialismo como susanismo pueden firmar en Andalucía tras casi cuarenta años de poder, resulta más que pobre. El paro, por ejemplo, está allí en casi el 30 por ciento; esto es, ocho puntos más que la media nacional. La renta per cápita roza los 18.500 euros –la tercera más baja de España-, mientras que la media nacional es de 25.000.

Entre el 2000 y el pasado 2016 Andalucía perdió tres puntos de convergencia frente al PIB europeo mientras que Galicia ganó ocho. El territorio sólo ha captado el 1,9 por ciento de la inversión exterior, mientras que hasta en la deprimida Asturias –ya no hablemos de Madrid- ha sido de un punto más.

​Algo parecido sucede si de la macro pasamos al pan nuestro de cada día. Suspenso en Sanidad: el 65 por ciento cree que ha empeorado. Y en materia educativa, el abandono temprano entre la población de 18 a 24 años hace de aquélla la segunda comunidad peor situada, cinco puntos largos por encima de la media nacional, ocho de Galicia y subiendo, al tiempo que a nivel estatal tal indicador lo hace en sentido contrario.

​Pues bien, a pesar de todo no se esperan grandes cambios en las urnas de hoy. Y no creo que PP, Ciudadanos y Vox lleguen a ponerse de acuerdo para gobernar si los números dieran para ello.

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