En Gibraltar todo sigue como siempre, si no peor

Qué nos ha vendido Pedro Sánchez? Por si no fuera suficiente la carta que la señora May hay dirigido a los británicos, su embajador en España, Simon Manley, lo remacha “nuestra posición sobre Gibraltar es clara, y es que siempre será británico”, al tiempo que “vamos a negociar en interés de toda la familia británica, incluido Gibraltar”. El acuerdo o los condicionantes a los que alude el Gobierno no están plasmados en documento jurídico vinculante alguno, lo que vale es la redacción del artículo 184 del protocolo aplicación del Brexit con respecto al conjunto del Reino Unido, Gibraltar también de la Unión.

José Luis Rodríguez Zapatero rompió en consenso de siglos sobre Gibraltar cuando, con Miguel Ángel Moratinos, ministro de Exteriores, aceptó en 2006 a Gibraltar en las negociaciones como parte separada de la delegación británica en el llamado foro tripartito establecido por el acuerdo de Córdoba lo que debilitó la posición histórica española, que sostuvieron los gobiernos de todos los colores habidos en nuestra historia.

En consecuencia, en éste como en otros asuntos, la posición de España en quedó muy perjudicada por las cesiones del Gobierno del PSOE, que ya en tiempos de González abrió la verja, cerrada desde 1969 por Castiella, sin contraprestación alguna. Conviene recordar que el Tratado de Utrecht dice expresamente que la roca no tendrá comunicación por tierra con el territorio circunvecino. Pero lo peor de todo fue que Zapatero y Moratinos cedieron sin contrapartidas a una exigencia fundamental de los dirigentes gibraltareños desde los tiempos de Joe Bossano, como ministro principal: contar con representación propia en las negociaciones. Es decir, se les otorgó estatus propio, algo que ni el Reino Unido exigía. Para muchos fue simplemente una traición. El gobierno de Gibraltar obtuvo de este modo un reconocimiento de facto.

Ante el aluvión de críticas, Zapatero y Montesinos se disculparon afirmando que el foro no discutía cuestiones de soberanía, sino de cooperación territorial. Era falso. Nunca ningún gobernante español había llegado tan lejos. El Gobierno del PP simplemente dejó de convocar el foro.

Lo que se dice negociaciones de verdad sobre Gibraltar llevan paralizadas 16 años, desde los tiempos en que la ministra Ana Palacio, en plena crisis de Perejil, se hizo cargo de Exteriores, en julio de 2002. No ha vuelto a haber diálogo sobre el asunto esencial para España, ni en un marco bilateral (2002-2006) ni en el tripartito desde 2006 a 2012.

Cada día pasan la frontera 35.000 personas, 12.000 coches y 4.000 vehículos a dos ruedas en días normales, cifra que se incrementa exponencialmente en verano. Al salirse de la Unión, Gibraltar es parte de un país tercero, por lo que ello afectaría en primer lugar al control fronterizo. Si España aplicara en este caso las normas habituales, el tránsito se haría, dado su volumen, insostenible. Pero, dado que Gibraltar es –como territorio ultramarino- no ya colonia, sino territorio británico a todos los efectos, ya veremos las consecuencias.
Pero hay más: se calcula que un 20 por ciento de los Gibraltareños viven en España, en su mayoría en urbanizaciones de lujo, como Sotogrande, como el propio Picado (que tuvo su segunda residencia este lugar), pero sin pagar impuestos, mediante la fórmula de pasar en territorio español menos de 183 días al año. 7.000 llanitos recurren a este truco, como es bien sabido.

Pero hay más: En Gibraltar funcionan más 80.000 sociedades y la Roca controla el juego on-line para que son vitales las líneas telefónicas que llegan desde España. La magnitud del tejido empresarial gibraltareño y el hecho de que numerosas investigaciones patrimoniales sobre redes de delincuencia en España acaben topando con el Peñón sitúa a la colonia permanentemente bajo sospecha. España sigue considerándola un paraíso fiscal por el que cada año cientos de millones de euros escapan al control fiscal y se evaden.

Reino Unido ha venido rechazando la propuesta formulada por el Gobierno español de mantener conversaciones bilaterales sobre la soberanía de Gibraltar y ha defendido que, en todo caso, debería haber un diálogo entre España y el Peñón sobre asuntos pesqueros. En un artículo en el ‘Wall Street Journal’ bajo el título ‘Tenemos que hablar de Gibraltar’, el entonces ministro de Asuntos Exteriores y de Cooperación, José Manuel García Margallo, pidió reanudar el diálogo sobre la roca, pero Londres respondió que no está dispuesto a entablar ninguna conversación sobre el asunto. “La soberanía está clara en nuestras mentes”.

 

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