La imagen púbica de un Rey es siempre la misma

Una de las características de la imagen del Rey, sea efectivo u honorífico (que no emérito) como lo es Juan Carlos I es la permanencia pública de su condición. “El Rey es siempre el Rey” haga lo que haga en público, salvo los aspectos de su vida privada, como cualquier mortal. Esa prevalencia de su imagen desmonta el pobre argumento de la Casa Real, con que ha tratado de justificar la insólita e inconveniente foto de Juan Carlos saludando efusiva y públicamente al príncipe heredero de Arabía Saudí, Mohamed bin Salmán. La instantánea se ha tomado en el palco de autoridades del circuito de Yas Marina, donde ambos han asistido al Gran Premio de Abu Dabi de Fórmula 1. El encuentro se produce plena polémica por el asesinato del periodista Jamal Khashoggi, del que se considera inspirador.

La Casa del Rey aseguró que lo que se ve en la foto es solo un “saludo protocolario”. Para salir al paso, Zarzuela dice Juan Carlos ha acudido a todos los Grandes Premios de Fórmula Uno que se han celebrado en Abu Dabi. Y para justificar la secuencia añaden un párrafo equívoco: “Desde que no es rey, hay un sencillo paso por la sala de autoridades con un saludo protocolario, pero sin más reuniones ni nada”. ¿En qué damos, no es rey honorífico? Además, insisten en que esta visita de don Juan Carlos, acompañado por la infanta Cristina, era un viaje “privado del todo”. ¿En qué aviones?

Sobre la permanencia de la condición y la imagen pública de un Rey, como en este caso, honorífico, acudimos al antropólogo Carmelo Lisón Tolosana, quien nos dice:

“El examen, aunque breve, de esa aurea expresiva de la monarquía, nos remite a otro nivel de referencia: al simbólico moral [el subrayado es nuestro]. Esta institución lleva ventaja al partido político por su continuidad y estabilidad aseguradas en la persona del monarca, legítima autoridad máxima; pero además la monarquía es el campo más privilegiado del partido para analizar la relación entre el símbolo político y la realidad social.

El antropólogo nos recuerda precisamente que “Realeza” significa magnificencia, excelencia y generosidad, subrayando el carácter de símbolo y símbolo denso que representa el Rey: “Imagen, la real, centradora y estabilizante, pero también encantadora y fascinante por su grandeza, dignidad y honor, por su poder y prudencia…” Más adelante, este autor apunta, citando a J.P. Mártir, con relación a la doble moralidad de las acciones del rey, la pública y la privada –en nuestro caso, tan unidas-, que el monarca puede pecar de dos maneras: como hombre y como rey. “Pueden ser remediados los errores cometidos como hombre, pero cuando el rey, en cuanto a tal es el que peca, es decir, cuando olvida sus obligaciones o no hace lo que es mejor para el reino, o simplemente, cuando es perezoso en su deber, la situación es más grave”.

Y nada resume mejor la conclusión de que, dentro del ámbito donde planteamos estas reflexiones, un rey lo es, en gran medida por su imagen, como concluye Lisón:

“La imagen es una figura, una ficción, una representación figurativa que vacía el cuerpo mortal del Rey y lo sustituye por un cuerpo místico; aunque subsista, como no puede ser menos, el primero, lo que importa es la presencia regia allí engastada. La persona y vida particular del Rey vienen silenciadas y narcotizadas por la potencia de la imagen total; cuanto mayor es ésta menos son aquéllas. El Rey debe sacrificarse en su interioridad e idiosincrasia, modos y maneras privadas, por su pueblo. Al ser Rey, se convierte en una figura pública, es una imagen. Más radicalmente: a la pregunta ¿Qué es el Rey?, la respuesta antropológica, concisa, escueta, pero plena de significado es: El Rey es su imagen”.

Parece evidente que no resulta fácil separar la trascendencia pública de la imagen del Rey de sus actividades privadas, realizadas en público, obviando que “el Rey es siempre el Rey”. Nada mejor lo expresa, con sencillez y claridad aquel verso de José Martí:

La imagen del rey, por ley,
Lleva el papel del Estado:
El niño fue fusilado
Por los fusiles del rey.

Festejar el santo es ley
Del rey: y en la fiesta santa
¡La hermana del niño canta
Ante la imagen del rey!

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