De otra pasta

Reconozco que los periodistas, fotoperiodistas y reporteros que nos informan desde las numerosas guerras que hay por todo el mundo están hechos de otra pasta. Reconozco que yo no tendría el valor, como profesional de la comunicación curtido en miles de batallas, de enganchar una mochila y un móvil conectado al satélite y cubrir miles de kilómetros bordeando fronteras con el objetivo de entrar en una zona bélica para ver lo que pasa, ser testigo de la actualidad, y después tener los arrestos y las agallas, como notario de la actualidad, de contarlo a los lectores, oyentes o televidentes.

Este pasado martes en imágenes entrelazadas en forma de documental/película comprobé que son de otra pasta. Durante hora y media con imágenes en color y blanco y negro pude conocer las historias de muchos de estos periodistas que seguí en prensa escrita, radio y televisión y que en muchos casos, como el de José Couso, dejaron su vida para cumplir con algo que amaban: la información de guerra, la información de los conflictos bélicos, siendo los ojos de la denuncia para que nosotros supiéramos, en todo momento, qué pasaba a miles de kilómetros de distancia donde la gente moría sin tener nada que ver en el conflicto que, por regla general, se motivaba por cuestiones humanas: dictadores en el más amplio sentido de la palabra; o económicas: pozos de petróleo.

Un reportero curtido en cientos de batallas, Hernán Zin, cambió su visión de ser testigo directo de las guerras por ponerse detrás de las cámaras para dirigir una gran película “Morir para contar”. Un filme coral con numerosos testimonios de mujeres y hombres que cubren guerras, que nos hablan de sus firmezas, miedos, inseguridades y, sobre todo, el amor que sienten por un trabajo que está considerado como de los más peligrosos del mundo.

Un proyecto que se convirtió en realidad gracias al apoyo de una actriz gallega, Nerea Barros, como productora y directora ocasional, que convenció al director para que ocupase un lugar delante de la cámara y pusiera su voz para unir los mensajes de sus compañeros y así culminar los largos 90 minutos abriendo una luz a la esperanza.

La Seminci, el Festival Internacional de Cine de Montreal y el Festival de Cine de México, corroboran lo que se ha logrado con esta película, que te hace respirar hondo y abrir tus sentimientos y el corazón hacia este colectivo de informadores. Una iniciativa que es punto de partida para nuevos proyectos de

Nerea Barros, una gran actriz que ha querido reivindicar el trabajo de los reporteros de guerra, muchos de los que hemos conocido en estas imágenes, y otros por haber sido secuestrados durante más de un año, o por perder la vida en tierras lejanas y llenas de vándalos y bandidos de todo tipo. Insisto, son de otro pelaje y creo que en el fondo de nuestros corazones merecen el mayor de nuestro reconocimiento. No son locos, como alguien dijo alguna vez, son profesionales que aman su profesión, y su profesión es contar historias reales y vividas en directo entre la vida y la muerte. Son de otra pasta.

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