La tesis del presidente

Una tesis doctoral “ha de descubrir algo que los estudiosos del ramo no deberían ignorar”, dice el escritor Umberto Eco y el profesor Díaz Nieto, de la Autónoma de Madrid, exige que tenga una “aportación original al conocimiento, que añada algo nuevo”.

Traigo esto a colación a propósito de dos hechos. El primero, la decisión de la Universidad de Barcelona -octubre, 2018- de retirar el título de doctor a Marc Guerrero, miembro del PDeCAT, por haber plagiado pasajes de gran relevancia del libro Dar protagonismo a Cataluña publicado por el politólogo Jaume Urgell. Guerrero defendió su tesis en 2007 y obtuvo la máxima calificación. Esta medida, insólita en la universidad española, obliga a ocuparnos de la tesis de Pedro Sánchez, muy cuestionada porque los análisis a que fue sometida no despejan las dudas sobre su autoría, originalidad, conclusiones e idoneidad del tribunal que parece formado “ad hoc” para cumplir con un trámite obligado para el autor.

El asunto es muy goloso políticamente por el personaje implicado, ahora presidente del Gobierno, que se negó a dar explicaciones sobre un tema que le incomoda de manera especial y eso llevó a parte de la oposición a abrir en el Senado una comisión de investigación sobre su doctorado.

Uno tan solo cree en las investigaciones policiales y judiciales. Las comisiones de investigación políticas son inútiles para esclarecer los hechos y esta solo servirá para dar espectáculo dialéctico, acorralar al investigado y generar dietas para sus señorías. Pero sí creo que es necesario investigar para saber si esa tesis alcanza el nivel científico exigible a esos trabajos o entra en el lote de las tesis anodinas que se hacen para cumplir el expediente de obtener el título, que también hay en las demás universidades españolas, incomprensiblemente calladas en este asunto.

Añado que quien tendría que investigar este trabajo es la Universidad Camilo José Cela, que expidió el título, hasta esclarecer lo acontecido y tomar la decisión que corresponda, incluida la retirada del grado de doctor. Es lo menos que puede hacer si quiere salvar su prestigio, ahuyentando las sospechas de que en su salón de grados se otorgan títulos a panfletos que llevan el nombre de tesis. Dicho esto, el primer interesado en despejar dudas y demostrar que las cosas se hicieron bien ha de ser el entonces doctorando Sánchez Castejón. Ahora es presidente del Gobierno y eso debe llevarle a defender su prestigio.

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