¿Qué pinta la esposa de Sánchez en los viajes de Estado?

Qué pito toca la esposa del presidente del Gobierno en los viajes de Estado? No es nada, sino una ciudadana particular, casada con el jefe del ejecutivo, pero carece de estatutos jurídico alguno. No es la segunda dama (considerando la primera la consorte del jefe el Estado).

Desde que Pedro Sánchez está en la Moncloa ha atribuido a su cónyuge un papel que rebasa la esfera de lo social (en el caso de que esté justificado) y le atribuye un rol de representación oficial del que carece. Cierto que, en el pasado, el propio Aznar hizo algo parecido, e incluso en alguna ocasión provocó un roce con la Casa Real, el disponerse un programa paralelo al de la mismísima reina Sofía.

Pudiera comprenderse que excepcionalmente, el presidente lleve a su mujer en un viaje que contiene, dentro del programa oficial, un acto social donde encajaría. Pero lo que no se puede es llevar a la esposa de excursión. Y máxime cuando se ha insistido en que se trae un nuevo modo de gobernar, la regeneración moral de la política, etc.

Los ingleses dicen que “no se lleva a la esposa a la oficina” pero algunos políticos transfieren sus cargos a sus cónyuges. Era ejemplar en ello la primera ministra británica Margaret Thatchert, que nunca exbibió a su marido o que cuando iba a un acto se quedaba discretamente entre el público.

Sánchez denota, aparte de sus graves carencias en otros aspectos relacionados con la representación institucional que es un caprichoso. El abuso en el uso injustificado de aviones de la Fuerzas Aérea y costoso despliegue para viajes de menos de 200 kilómetros es algo más que un derroche, es una frivolidad.

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