Acotaciones

    Cuando Carmen Montón, la ministra breve de Sanidad, forcejeaba por defender que su caso con el máster de la Rey Juan Carlos nada tenía que ver con  el de Cristina Cifuentes, soltó aquello del “no todos somos iguales”. Pues resulta que no va a ser así. Porque visto lo visto, bien se puede decir que todos son iguales al menos en eso de la ingeniería financiera para evadir impuestos.

Primero fue el titular de Cultura y Deportes, Maxim Huerta; después, el de Ciencia y Educación, Pedro Duque, y últimamente, la de Economía y Empresa, Nadia Calviño. Y en los aledaños de Moncloa, la secretaria de Estado para el Deporte, María José Rienda. A este paso van a tener que sacar vez como en la compra para acudir a las comparecencias parlamentarias que  los reclama.

Puede ser todo lo legal que se quiera, pero resulta un espectáculo poco edificante cuando el Gobierno del que forman parte está en plan sacamantecas subiendo impuestos sin cuento a particulares y empresas.

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Amantes de su peculiar memoria histórica, también lo son de la memoria selectiva. De otra manera no se entiende que la ministra Valerio recuerde y eche en cara al PP el índice más alto habido de paro y no repare que ello fue así porque sus antecesores y correligionarios habían dejado económicamente el país como erial. En el Congreso se les recordaba el otro día a la bancada socialista que las políticas de ZP y su Gobierno, de infeliz memoria, habían mandado a las listas del paro a 2,5 millones de trabajadores.

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Pablo Iglesias quiere abordar con discreción el costurón que tiene en Podemos Madrid. Será para no hacerlo más grande. O como dijo, para “volver así a ganar” las elecciones en la capital del reino. ¿Volver a ganar? Que uno sepa, no las ha ganado nunca. Y es que si mal no recuerdo, en las de 2015 (en las anteriores no existía),  quedó segundo, detrás del PP ganador. Si ha gobernado en estos últimos cuatro años fue por la mano que le echó el Partido Socialista para hacer alcaldesa a Manuela Carmena. Habrá también, pues, que echar al PSOE la cuota de culpa que le incumbe por la desfeita municipal en que tienen sumidos a los madrileños.

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Han sido conocidos o entregados estos días tres grandes premios que galardonan los mejores programas y profesionales de la radio y la televisión. Pues bien, gentes y trabajos de la “oprobiosa RTVE que manipulaba el PP” se han llevado cinco Ondas (Radio Barcelona/Cadena Ser), otros tantos IRIS (Academia de las Ciencias y de las Artes) y dos Antenas de Oro (Federación de Asociaciones de Radio y Televisión de España). No debía ser, pues, el ente público tan malo como para ser ocupado a toda prisa a golpe de decreto-ley, como sucedió después del asalto al poder que supuso la moción de censura.

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A excesiva ha sonado la exhibición de beautiful  people o gente guapa que ha rodeado la boda de Marta Ortega. ¿Fastos apoyados por el padre –hasta ahora siempre discreto-  para complacer la amplia agenda de la contrayente, ya crecida y vivida en otros ambientes? Sea como fuere, todo ha resultado desmedido, cobertura mediática incluida. El evento, por otra parte, ha coincidido con  una ciudad en plena crisis industrial y comercial, lo cual agrava la ostentación habida y la ha hecho más inoportuna.

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