Sánchez y la “Patología del Mentiroso”

Si uno examina las repetidas declaraciones de Pedro Sánchez sobre aspectos esenciales de su propia gestión, antes y después de ser elevado a la presidencia del Gobierno, por quien lo elevó, hallamos repetidos síntomas de lo que la Ciencia denomina “la Patología del Mentiroso”.

El profesor Pedro Bekinschtein, reconocido investigador sobre este fenómeno, explica que el mentiroso responde a una peculiar patología: se miente a sí mismo con toda naturalidad.  Y por lo tanto, no cree que miente a los demás, sino que se van a creer sus mentiras de modo natural.

Aparte de su mostrada ignorancia sobre la historia de España y de su partido (adjudicó la Ley del Divorcio de UCD a Felipe González), Pedro Sánchez olvida que los españoles tienen memoria y dice lo contrario de lo que afirmaba, a veces 24 horas antes, como ya ha sucedido, con toda naturalidad. En este sentido, resulta manido recordar los repetidos bamboleos dialécticos del primer secretario del PSOE y el modo en que se desdice sin el menor arrobo, sea su compromiso de no formar gobierno con Podemos (a quien dedicó duros calificativos), no aceptar los votos de los independentistas para llegar a la Moncloa, convertir en Valle de los Caídos en lugar de reconciliación, publicar la lista de la amnistía fiscal, no abusar del decreto-ley o imponer una forma de gobernar transparente. Y no aplicarse a sí mismo lo que enfáticamente reclamaba y ponía como ejemplo de coherencia cuando pillan a uno en episodios como el de su propia tesis.

Pero lo de ahora es lo peor de todos: Hace cinco meses, Sánchez explicaba por qué en Cataluña se había producido un delito de rebelión. Y lo hacía con especial énfasis y convicción. Ahora ese punto de vista ha cambiado. Y podría ser legítimo y creíble, si no fuera porque precisa evacuar gestos necesarios para los que lo llevaron a la Moncloa lo sostengan allí. Y estos a los que ahora atempera son los mismos que nunca se tendrían por socios y menos para tan elevada meta, como repetidamente dijo el ministro Ábalos, (porque nunca se contaría con los votos de los que no respetan la Constitución).
O sea, que Pedro Sánchez miente, nosotros sabemos que miente y él sabe que nosotros sabemos que miente. El profesor Bekinschtein sostiene que este tipo de mentirosos responden a un proceso basado en su propio sistema de creencias y valores. Es decir, que su relativismo moral les hace decir una cosa y la contraria al tiempo, o anunciar una conducta y no seguirla. Y eso tiene que ver con “los mecanismos psicológicos y fisiológicos que se alimentan”.

Cuáles son los mecanismos psicológicos que actúan tanto a la hora de faltar a la verdad como al creerse una mentira. Según los especialistas, se eligen leer aquellos fenómenos de la realidad de la manera que más se acercan a las creencias previas, como que “el fin justifica los medios”.
Pedro Sánchez es un ejemplo de libro de esta patología “Para mentir –dice Bekinschtein- se tiene que poder ponerse en el lugar del otro, saber que la mentira va a funcionar y que el destinatario la va a creer”. Pedro Sánchez sabe que sus seguidores dentro del PSOE no se van a sentir ni siquiera avergonzados por su conducta y que una buena parte al menos de los españoles se lo van a creer, contando como cuenta con el apoyo de quienes lo hicieron presidente.

El mentiroso busca justificar su mentira cuando es necesario. Ahora lo vemos, Sánchez miente porque precisa votos para aprobar los presupuestos pactados con Podemos y seguir en la Moncloa. Y nadie dice que en su programa no haya medidas deseables y asumibles por su finalidad social, pero ese debería ser el principal apoyo de sus argumentos, y no el desdecirse de lo que se pensaba eran sus firmes convicciones.

En este proceso del mentiroso patológico, “se involucran regiones de la parte frontal del cerebro y otras relacionadas con la percepción de uno mismo. Hay que tener algo de desinhibición para poder mentir, uno tiene que evitar decir la verdad, que sería lo más natural”, explica Bekinschtein. Y el filósofo Darío Sztajnszrajber apunta: “Lo opuesto de la verdad puede ser la mentira, pero también puede ser el error o la apariencia. Lo que uno sabe y acepta es que algo no está debidamente comprobado. Sin embargo, lo necesita para autoafirmarse en su identidad y querer que algo sea como uno sueña que sea”.

Otros testimonios abundan en el análisis de la conducta de Sánchez, caso que entra de lleno en los estudios de la psiquiatría clínica en diverso grado. Pero no se trata, aunque se aproxime a los sujetos que parecen delirios, sino que, en este caso, la mentira es un acto consciente, calculado, por el que no se siente ninguna responsabilidad moral. Lo peor de todo no es que se diga una mentira (todos hemos incurrido en ello alguna vez), sino en que la mentira consciente persiga un beneficio como en este caso.

Francamente, lo que más me indigna de esta historia no es el comportamiento de Sánchez, sino preguntarnos hasta dónde está dispuesto a llegar y, sobre todo, que a sus seguidores en el PSOE no los abochorne.

Es necesarios estar conectado para escribir un comentario Conectar