El actor y el meritorio

En el teatro el escalafón es un largo recorrido que hay que superar hasta llegar a ocupar un primer lugar en los carteles que anuncian una determinada obra. Los actores tienen que pasar por numerosas fases dentro del organigrama del cuerpo teatral para llegar, cosa que consiguen muy pocos, a ser primeras figuras de un elenco, de un cartel, que congrega a un público fiel que los va a ver. En todo ese proceso, escalafón o lugar permanente de aprendizaje, hay una figura que suele pasar desapercibida para el gran público y que se la conoce en el mundo de la escena como el meritorio, al que también se le suele llamar figurante o comparsa. Se trata de un aspirante a actor que por lo general acompaña, lo que en el argot se conoce como hacer bulto, que no tiene líneas de texto y de tenerlas son breves y escasas.

Seguramente, amigo lector, se estará preguntando, ¿a qué viene toda esta introducción? Muy sencillo. Se lo voy a explicar. A finales de la semana pasada un conocido actor, Richard Gere, visitó, una vez más, nuestro país para recordar a esos miles de personas que diariamente viven en la calle. Una reivindicación que llevó hasta el Palacio de la Moncloa donde fue recibido por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Fue un encuentro cordial, según las crónicas al uso, en el que actor y meritorio hablaron de la cruda realidad de tener que morar a diario en la calle. La causa humanitaria les ha reunido y el actor le presentó la campaña de la Fundación Rais, “Encerrados en la calle”, para sensibilizar sobre el problema de las personas sin hogar y el odio a la gente pobre. El político a la vez que meritorio quiso conocer datos sobre este terrible problema que se ha convertido en un mal endémico al que los gobernantes no ponen solución.

A tenor de lo ocurrido y lo que estamos viviendo en el día a día de las decisiones políticas, se me ocurre hacer unas comparaciones con títulos de películas protagonizadas por Richard Gere: “La gran estafa”; “El fraude”; “Al filo de la duda”; “Mentiras mortales”; Las dos caras de la verdad”; “Asuntos sucios”; “La sombra de la traición”, y “Sin piedad”. Seguro que entre estos títulos y determinadas actuaciones se pueden apreciar semejanzas… El lector, que es perspicaz e inteligente, podrá colocar a su gusto cualquiera de estos títulos a la gestión que estamos sufriendo por parte del gran meritorio en el teatro de la vida.

Me gustaría que nuestro presidente pudiera situar en su haber de futuro actor de la política dos títulos muy sugerentes para el momento actual: “Norman, el hombre que lo consigue todo” o “El benefactor”. La ficción de celuloide nunca miente y a su vez nos abre las fronteras del pensamiento. Unas reflexiones que serían muy buenas como guías para el futuro por donde deben caminar las decisiones políticas en nuestro país. Un país que cada vez cuenta con más personas viviendo en la calle sin que los que tendrían que solucionar el problema hagan nada para atajarlo.

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