El disgusto de la ministra

La Fiesta Nacional del 12 de octubre se celebró, un año más, sin un clima de unidad política y optimismo ciudadano y tampoco pasará a la historia por su fastuosidad porque el Gobierno quiso un perfil bajo para la celebración oficial. Pero en el recuerdo popular quedarán dos cosas: la confusión protocolaria del presidente del Gobierno, que inundó la red de chascarrillos, y los abucheos al mismo presidente que fue increpado a la llegada al escenario y después del desfile.

Al día siguiente la ministra de Defensa, Margarita Robles, salió en defensa de su jefe y, muy disgustada, sentenció que en la España actual, plural y tolerante, caben todos y “solo pueden sentirse excluidos aquellos que hacen del insulto, de la descalificación y del abucheo su forma de expresión. No tienen cabida quienes hacen de la falta de respeto a las instituciones su modo de convivencia”.

La ministra se expresó así en la Fundación Telefónica a donde acudió para ver la exposición conmemorativa del 175 aniversario de la bandera de España “que representa lo que nos une, no lo que nos separa”. La bandera, añadió, nunca debe ser objeto de controversia y ningún Gobierno y ningún partido tiene derecho a apropiársela porque es la bandera de todos.

Presiento que la mayoría de los españoles están completamente de acuerdo con la señora Robles y firman y rubrican todas sus palabras, tanto las que afectan al desfile, que debería ser un acto festivo y patriótico, como las referidas a la bandera de la nación.

Pero, sinceridad obliga, nadie vio a la ministra Robles tan disgustada el día 17 cuando Torra llamó al Rey “hooligan con corona”, cuando el Parlament reprobó al mismo Jefe del Estado o cuando Puigdemont lanza infundios contra la democracia española; tampoco mostró tanto disgusto ante los insultos a la Guardia Civil o cuando queman la bandera, abuchean al himno o persiguen con escraches y pintadas a políticos de otros partidos. ¿No merecen estos comportamientos la misma “reacción patriótica” de la ministra y de los demás miembros del Gobierno?

Deben ser cosas de la vara política de medir, que es distinta. Los escraches y abucheados, cuando afectan a otros, son democráticos, forman parte de la libertad de expresión. Pero “cuando se trata de los nuestros” –en este caso el presidente del Gobierno– se califican de acoso y falta de respeto a personas e instituciones. Ya decía Lawrence de Arabia por boca de Peter O’Toole que puede haber coherencia entre ladrones, pero es difícil encontrarla entre políticos.

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