Sánchez debe ir a elecciones

Las andanzas del proto cónsul del Gobierno –¿en nombre de quién actúa si no?- Pablo Iglesias gestionando los apoyos que Pedro Sánchez precisa para seguir en la Moncloa constituyen un episodio que pone en cuestión la propia dignidad de un Estado que, para aprobar unos propuestos y con ellos la estabilidad de su ejecutivo, en precario, ha de ir mendigando que quienes se declaran sus propios enemigos pongan los medios para sostenerlo.

Ya de entrada, el inquilino de la Moncloa, que prometió a los españoles ir a elecciones “lo antes posible”, envió a su legado Zapatero a negociar con Arnaldo Otegui, sin duda, la aquiescencia de Bildu, es decir ETA para sostener asegurar la fidelidad de esta cuota de sus apoyos. Pero lo realmente substancioso es el consulado itinerante de Sánchez. Es un insulto a la inteligencia de los españoles considerar que Iglesias es un voluntarioso espontáneo que actúa motu proprio y se lanza al ruego sin el encargo que tan obviamente desempeña.

Que, como digo, un proto cónsul de la Moncloa visite en la cárcel justiciable en prisión preventiva, en espera de juicio por rebelión y que manifiesta su propósito de alcanzar la independencia de Cataluña y liquidar la presencia del Estado en aquella comunidad, es digno de una película de Berlanga. Que el mismo mediador se entreviste por teléfono con el dirigente fugado de todo el proceso y se acomoden a entenderse denota la altura a que ha llegado la dignidad de un Estado donde esto puede ocurrir.

En la bien montada campaña para ir atendiendo las demandas que de modo tan rotundo plantean los consocios de Sánchez para dejar que se siga subiendo al Falcon, son de agradecer las premuras con que Esquerra Republicana, Torra y la derecha católica vascongada (“De rodillas ante Dios”); es decir el PNV, para que sepamos a qué atenernos. Los catalanes le dicen que sin sacar a la calle a los políticos presos y aceptar el referéndum no cuenten con ellos. Y los vascos reclaman, “porque tiempo y paciencia se agotaron” que se apuren las transferencias pendientes (entre ellas las prisiones y sus consecuencias con respecto a ETA). Estos del PNV son los menos de fiar: apoyaron los presupuestos de Rajoy y poco después la moción de censura, tras haberle arrancado a Mariano un ventajoso pacto fiscal que ahora no sólo se quiere mantener, sino mejorar. Y a todo esto, Sánchez echa mano de la caja y ofrece a los catalanes 2.000 millones de euros más y del resto, ya se hablará.

Creado el equívoco clima de que los justiciables catalanes llevan demasiado tiempo en prisión preventiva (y de momento es la mitad del plazo que en su caso señalan las leyes procesales), a se habla de indulto y ahora aparece en escena un de los inolvidables personajes de la era Zapatero, a quien se debe que ETA esté instalada en las instituciones vascas y navarra, gracias a su decisiva postura.

Pascual Sala, ex presidente del Tribunal Constitucional echa una mano, y no aprecia delito de rebelión en los alzados en Cataluña contra la Constitución. ¿Entonces qué fue aquello? Pero conviene recordar quién es Sala. Pues es el mismo que echó abajo la sentencia del Tribunal Supremo que impedía que Sortu, la organización heredera de Batasuna pudiera ser inscrita como partido democrático y entrar en las instituciones. Aquella corrección del fundamentado criterio del Supremo tuvo un alcance que llega a nuestros días.

Sánchez tiene pocas salidas, pero la verdad es que nada sorprende que un hombre que ha dicho una cosa y hecho lo contrario en cuestiones esenciales como que no pactaría con el populismo (que lleva a la pobreza, a las cartillas de racionamiento y a Venezuela) o que nunca aceptaría (Ábalos dixit) los votos de los independentistas para llegar a la Moncloa. Ya se ve.
Sánchez es un presidente ortopédico y tiene que hacer equilibrios con tantas muletas de las que depende no caerse. Los ciudadanos asistimos a la sensación de que se ha puesto al Estado en almoneda y que el presidente del Gobierno ha de ir pagando favores a quienes lo sostienen para ir tirando. Es como si el país estuviera sobre un tapete y el crupier repartiera las ganancias de cada envite.

La única salida digna es convocar elecciones y devolver la voz a los españoles. Cuando se decía aquello de “no es no” y el PSOE se partió en dos, a Sánchez y los suyos no les importaba el costo de ir a unas entonces terceras elecciones en un momento crítico del país. ¿Por qué ahora no se aplica el mismo criterio y se nos hace vivir a todos este vergonzoso escenario?

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