Humanismo y tercera vía

De un tiempo a esta parte, es bien frecuente encontrarse, para resolver algunos problemas sociales, con la atractiva apelación a la existencia de una tercera vía, de un “tertium genus”, de una posicion ecléctica que se construye sobre elementos de otras perspectivas. Vaya por adelantado que la metodología de la tercera vía me parece propia de posicionamientos estáticos y rígidos que, precisamente  hoy se intentan superar. Por tanto, ¿por qué una sola tercera vía?; más bien, tantas vías cuantas surjan de la capacidad creadora de la libertad solidaria humana.

Es muy tentador desnaturalizar el mercado con  alguna suerte de intervención pública o liberar el Estado con determinadas dosis de mercado. Es una posibilidad. Sí. Pero me parece que está en las antípodas del pensamiento moderno. Para intentar resolver un problema, es menester esforzarse por olvidarse de viejas recetas y fijar la mirada en la realidad y en los seres humanos, en las personas concretas, en los problemas reales que tenemos los mortales. Entonces, el camino, la tarea, se torna dinámica, abierta, compleja pero atractiva y, a la vez, apasionante por la sencilla razón de que entonces se trabaja desde la razón humanitaria evitando la primacía de la razón técnica, del dictado de la razón funcional.

La pretensión salvadora de la tercera vía, como ha señalado en más de una ocasión Dahrendorf, encuentra su punto débil al intentar colocarse como única solución. Es la causa del ocaso de las ideologías cerradas a las que tanto se censura hoy como sistemas estáticos que no supieron sintonizar la esencia dinámica y abierta de la realidad.

Por eso, hemos de saludar con esperanza las nuevas ideas que hoy emergen de lo más granado y auténtico de la sociedad civil. Se trata de aportaciones novedosas que parten de la persona humana como centro de la realidad y como foco iluminador de los problemas que todavía azotan a nuestro mundo.

 

Jaime Rodríguez Arana, catedrático de Derecho Administrativo en la Universidad de Santiago