Mariconeces y derechos morales de autor

 

María y Miki, dos participantes de la segunda edición de Operación Triunfo, comunicaron que no se sentían cómodos con la letra de “Quédate en Madrid”, una canción que incluye en sus estrofas la palabra “mariconez”, ya que consideraron que el término era homófobo. Por ese motivo solicitaron cambiar la palabrita por otra que resultara más idónea.

A la petición, que fue acogida con una gran aceptación por el público, siguió una serie de acontecimientos que mezclaron confusión y frustración. José María Cano, creador de la canción, rechazó la modificación de la letra de su obra cuando se había hecho todo lo posible desde la dirección de Operación Triunfo para sustituir “mariconez” por otra palabra, que, como “estupidez”, resultara más integradora, obviando el contexto de la canción. Finalmente, el listado de mariconeces sucedidas se saldó con una bronca de la audiencia a Ana Torroja y el encumbramiento de María.

Hay que tener presente que la normativa que protege los derechos morales de autor. El artículo 14 del Real Decreto Legislativo 1/1996, de 12 de abril, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley de Propiedad Intelectual, establece que corresponde al autor el derecho irrenunciable e inalienable a exigir el respeto a la integridad de la obra e impedir cualquier deformación, modificación, alteración o atentado contra ella que suponga perjuicio a sus legítimos intereses o menoscabo a su reputación.

José María Cano tenía el derecho de prohibir que trastocaran la letra de “Quédate en Madrid” y, con buen criterio, decidió ejercerlo. El mal criterio lo aplicaron aquellos que, más allá de una petición, insistieron en presionar para alterar una término cuyo uso carece de intenciones homófobas, siendo cierto que parece un chiste que la palabra “mariconez” pueda molestar o perturbar a determinados colectivos después de varias décadas escuchando esa canción, que precisamente es de un grupo musical que se caracterizó por su defensa de la diversidad en distintos ámbitos sociales.

Las generaciones más jóvenes están compuestas por rebeldes de seda. Quieren luchar contra los males sociales, pero los que merecen su atención y su compromiso son demasiado fuertes para ellos, así que prefieren combatir aquellos elementos que, siendo de escasa relevancia, no les van a exigir demasiado esfuerzo. Ese planteamiento les lleva a ir más allá de lo que corresponde en situaciones en las que, debiendo alzar la voz, se exceden actuando con una clara falta de proporcionalidad que, lamentablemente, termina causando aplausos que deberían ser ignorados, pues el que actúa con una finalidad legítima debe hacerlo por sus propias convicciones y entregar un premio en forma de apoyo social o moral en causas de reducida entidad constituye un riesgo para la existencia de una personalidad fuerte en los adolescentes y jóvenes.

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