Mítico Quebec

 

Durísimo correctivo, batacazo legendario, debacle, giro total. En estos y otros parecidos términos han considerado los analistas el resultado  del Partido Quebequés (PQ) en las elecciones del pasado lunes a la Asamblea nacional de la provincia francófona canadiense, la segunda más poblada del país. El peor de su historia.

Gran adalid del independentismo y promotor de los fracasados referéndums de 1980 y 1985, el PQ ha pasado de 28  escaños a 9, se ha quedado sin grupo parlamentario y su líder y varios exministros no han logrado plaza en la Cámara regional. De haber gobernado durante cinco legislaturas  desde su fundación (octubre 1967), se ha visto relegado a la cuarta posición y ha cedido el mando a un partido de centro derecha: la coalición Avenir Québec (CAQ).

Se trata éste de un partido joven con toques populistas puesto en marcha en 2011 por el multimillonario  y ex ministro François Legault, que se estrena en el poder, que lo hará con mayoría absoluta, que descarta el referéndum, que afirma su lealtad con el federalismo canadiense  y cuyo propósito es “gobernar para todos” y hacer más fuerte el territorio en el seno de la nación.

CAQ sacaba así rédito a una cierta “fatiga de referéndum” por parte de los electores de mayor edad, ya que los costos de la división de la sociedad quebequesa han sido profundos. Los jóvenes, por su parte, más preocupados por asuntos sociales repartieron sus votos entre los liberales del hasta ahora gobernante Partido Liberal de Quebec (PLQ) y el radical de izquierdas  Quebec Solidario (QS).

Los debates políticos son ahora allí  el modelo intercultural, el mantenimiento de una sanidad pública de calidad o  la inmigración, cuyo contingente se pretende reducir. Ha primado, en definitiva, un enfoque político más pragmático, hasta el punto de que  esta ha sido la primera ocasión en tres decenios en que la soberanía no ha sido una opción electoral en juego y el referéndum sobre la independencia ha estado prácticamente ausente.

No obstante todo ello, justo es decir también que la pérdida del tirón independentista no ha significado que los temas de la identidad, la cultura quebequesa y la lengua francesa hayan pasado desapercibidos. En este sentido, el programa de la CAQ ganadora incluía que los nuevos inmigrantes se sometan en tres años a un examen sobre valores locales  y el idioma oficial.

En resumidas cuentas: que los movimientos soberanistas de todo el mundo han perdido así una de sus principales referencias. Y es que el independentismo está de vuelta mundo adelante. En el mítico Quebec y tras las elecciones del lunes los partidos pro independencia  han pasado de 31 escaños a 19. E Incluso donde no han renunciado formalmente a la misma, como en Escocia, lo han aparcado para dar prioridad a los problemas del día a día.

No se sabe, pues, muy bien qué “modelo Quebec” ofrecía, pensado tal vez en Cataluña, un despistado Pedro Sánchez en la escala que muy poquitos días antes de las elecciones hacía en Montreal para verse con  su homólogo Justin Trudeau.

 

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