Política con mayúsculas y minúsculas

Un ex secretario de Estado del Gobierno de España con gran experiencia política ha escrito sobre la destructiva política española. José Luis Méndez Romeu constata que todo es banalizado, arrojado en medio de acusaciones y olvidado sin debate, acuerdo o vía de mejora. También contrapone a este círculo perverso el discurso de presentación que hizo Manuel Valls en su afán de conquistar la alcaldía de Barcelona. Valls sería alguien ajeno al mediocre espectáculo de la actual política española que, gane o pierda, indica que es posible otro nivel de discurso político.

Por fortuna hay más ejemplos, aunque pasen inadvertidos en medio del lodazal de un país que parece tener solo problemas de ricos, con políticos reconvertidos en gallos de pelea, ajenos a los problemas reales de la gente y mucho más todavía a la definición de una nueva frontera al estilo de John Fitzgerald Kennedy

La agenda política excluye prácticamente todo lo que no sea escandaloso, lo cual podría tener su sentido si fuese para limpiar la vida política del país pero no si es para ensuciarla todavía más y, encima, para eclipsar todo lo que no sea eso. España se ha convertido en un país con titulares tan exclusivos que se ha descolgado de la agenda del mundo y de Europa, donde no por ello se quedan parados contemplando las andanzas de personajes como Villarejo.

En otros países, empezando por Estados Unidos, que sigue siendo la primera potencia del mundo, también hay escándalos pero no por ello solo crece ese tipo de malas hierbas bajo el sol. Cada cosa tiene su lugar y su tiempo, como por otro lado es propio de una democracia consolidada. Aquí no. Parece que se acabó el mundo en el máster de Casado, las conversaciones de Delgado, el chalet de Duque o la tesis de Sánchez.

Puede ser más morboso y divertido el nuevo estilo de la política española pero no por ello será más racional y provechoso que el de la aburrida política suiza. Los países pequeños y medianos que crecen y crean riqueza bien repartida rara vez tienen escándalos. Más bien, tienen proyectos. A veces pequeños proyectos; otras, grandes transformaciones educativas o sectoriales. Cuando España hizo cosas parecidas a las que ahora hacen Corea del Sur o Finlandia le fue bien; se modernizó y elevó su bienestar. En otros momentos de su historia terminó fatal.

Ahora es un buen momento para elegir una nueva frontera. Con grandes programas, por ejemplo, para la educación o un nuevo modelo económico. Incluso para pequeños proyectos en común, como puede ser el Xacobeo 2021, que puede elevar el PIB de todo el norte de España si las cosas se hacen como en el 93 cuando Felipe González y Manuel Fraga se pusieron a trabajar juntos. Todo es cuestión de elegir entre hacer política con mayúsculas o con minúsculas.

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