Sánchez ha olvidado el sentido moral del socialismo

 

Uno de los más desoladores efectos del modo en que Pedro Sánchez llega al poder y lo conserva es el relativismo moral, en contra de los principios en los que se asentaba el socialismo, que ha cundido dentro de una buena parte de la militancia del PSOE, al menos de la que se expresa de modo más asiduo. No sólo ha desaparecido la capacidad de crítica interna, en la que se asienta la doctrina de un partido que se atreve a proclamarse “la izquierda”, sino que se acusa a quien desde otras posiciones señale sus contradicciones y renuncias de ser o servir a la derecha. O sea, que no cabe criticar al PSOE desde otras posiciones, como, por ejemplo, los que ya eran socialistas antes de que el partido de Sánchez apareciera por aquí, tras la muerte del Caudillo.

Mantener una posición crítica, en mi caso personal, me ha cobrado el alejamiento y la crítica personal de muy queridos amigos del PSOE, sumergidos en ese nirvana de no querer ver, aceptar, comentar o admitir la critica a lo que Sánchez hago o diga, aunque sea desdecirse de lo que tan enfáticamente se decía ayer como no pactar con el populismo o llegar a la Moncloa con los votos de quienes se ha llegado. Por no decir las contradicciones entre lo que se prometía en cuestiones esenciales, ayer eje de su discurso, y hoy olvidado asunto del que es peligroso hablar o recordarlo, por no es servir a la verdad, sino a la derecha.

Este PSOE está muy lejos del socialismo moral sobre el que escribieron Pertini o Besteiro, y con todo descaro siguen con la traca de la regeneración moral como divisa y la ética como sustento de hacer una cosa distinta de la que ayer se proclamaba.

No queda otro remedio que seguir adelante con nuestro criterio ante el absoluto fracaso de intentar, por lo menos, que dejen de colocar etiquetas a quienes simplemente recordamos las propias contradicciones que denotan que todo eso de la ética y la moral no deja de ser un espejismo para ocultar la realidad, dura realidad, se unos hechos que no admiten vuelta de hoja. Y no nos referimos a la propia fragilidad del currículo exagerado o el entrampado doctorado del que se presume sin pudor, sobre todo a medida que se conocen datos incontrovertibles de su gestación y desarrollo. No deja de ser una miseria personal más, pero que describe al personaje en su perfil más definitorio: el apaño. Herramienta que, como se ve, figura en la mochila de quien quiere perpetuarse en la Moncloa, como sea.
Pero Sánchez pasará como pasan todos, pero el daño que hace al PSOE y a sus masas quedará indeleble, tanto como la huella del que ha sido calificado con acierto, a mi entender, como “canciller de Maduro”, el inolvidable Zapatero, que tan graves secuelas dejó en el país.

Sobre el sentido moral del socialismo frente a la Derecha escribe Gustavo Bueno: “El secuestro del término socialismo por un partido político en el terreno gramatical no dejaba de ser una sinécdoque; pero en el terreno político, ético o moral equivalía a la conformación de un modelo de humanismo basado en la identificación del propio partido con el hombre ideal, con el hombre nuevo, con el hombre del futuro” ¿Qué diría de lo que vemos en estos días? El profesor Sotelo escribía en 1981: “El socialismo consistiría en la democratización real y continuada de la sociedad y del Estado. No es que el concepto socialista de “democracia verdadera” sea menos utópico que el de una felicidad generalizada. Sin una dimensión utópica, el socialismo degeneraría en simple política de poder”.
¿Sánchez tiene otra política que haber llegado al poder de cualquier modo y mantenerse en él como pueda, los más insólitos compañeros de viaje? ¿Eso es socialismo moral? ¿Dónde quedó la utopía del socialismo decente?

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