Carpetazo

Don Sandalio Murado era un cacique rural modelado con las mejores arcillas del siglo XIX español. Alcancé a conocerlo ya viejo, pero no decrépito, y prendido a un puro habano eterno. Paseaba sus tardes de bonanza con la certeza de haber conseguido la eternidad gracias a la fortuna familiar y al ejercicio de tocar las más oscuras teclas del poder. Sin embargo la gente sencilla, la misma que inclinaba la cabeza descubierta de gorra o sombrero a su paso, a sus espaldas nunca lo llamó por el nombre, lo apodaban Carpetazo.

Mi abuelo José me desveló que don Sandalio mandaba en el ayuntamiento, movía los entresijos de sotanas y sacristías, mantenía a los maestros y, sin más leyes que las del carbonero, juzgaba en los juzgados. Y en todos los casos sus veredictos concluían: ¡Carpetazo, señor alcalde! ¡Carpetazo, señor capellán! ¡Carpetazo, señor juez…! Y gracias a tan alto proceder para ocultar los problemas, la paz siempre flotó sobre la vida de la población como una capa de nata brillante, tapando un cubo de mala leche putrefacta por las rencillas, los asuntos sin resolver, los secretos de confesión desvelados y la educación atascada en las cuatro reglas matemáticas, los cuatro puntos cardinales y las cuatro estaciones del año.

La escuela política de don Sandalio, que venía de viejo, hizo fortuna en esta España de las mil caras y de nada vale que cada mañana alguien abra la caja de Pandora o salga a la calle pidiendo cualquier revolución cotidiana, porque siempre hay un don Sandalio dispuesto a dar carpetazo al problema. Especialmente si los perjudicados por la algarabía son “gente de orden” y sientan las posaderas en los escaños del poder. Acabamos de verlo al comprobar cómo los probables negocios y trapisondas del rey Juan Carlos I no van a ser investigados gracias al carpetazo oficial sobre un asunto que, en definitiva, importa un pito de sereno a la ciudadanía. ¡Viva el Rey!, que grita Casado.

Y quizás el político luzca tantos vivas repetidos, porque él, Pablo Casado, flamante secretario general del PP, supo intuir que teniendo de mano a un monarca indultado por el giro del carpetazo, tendría derecho a colocarse en la cola del reparto de nuevas carpetas cerradas. Y ha tenido suerte. La Fiscalía del Supremo, en contra de la opinión de la jueza instructora, no considera necesario investigar el presunto cohecho de su master “porque estaría prescrito” y, además, porque “no ve indicios de prevaricación”, aun estando inmerso dentro del gran fenómeno de las prevaricaciones y cohechos del Instituto de Derecho Público de la Universidad Rey Juan Carlos, ni viendo el trampantojo de aprobarle al mozo media carrera en sólo cuatro meses, tras ser elegido parlamentario.

Sin embargo el curso del sumario seguirá adelante para cuantos están implicados pero no son aforados. Para quienes se quitan la gorra. Lo cual nos invita a sospechar que el espíritu de don Sandalio Murado sigue ejerciendo en las altas esferas madrileñas. Sigue distinguiéndonos como pueblo, porque mantiene amarrada al tradicionalismo la España del siglo XXI, cuyo mejor monumento sigue siendo el panteón del cacique, de don Sandalio, donde tiempo atrás alguien escribió con tinta negra, sobre la lápida del nombre propio, la palabra sagrada de la paz: Carpetazo.

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