Ya se habla de indultar a los rebeldes catalanes

En los últimos días, se han sucedido, primero los indicios, y luego claramente la confirmación, de que el Gobierno de Pedro Sánchez prepara a medio plazo, si no antes, alguna medida, conforme le exigen sus consocios de Cataluña, en orden a aliviar la situación penitenciaria de los independentistas en prisión que los conduzca a ser puestos en libertad, sin más. Pero el asunto tiene una segunda fase a plazo y previsión más largo, el indulto, en el caso de que los procesos, una vez substanciados, se solventen con penas privativas de libertad que supongan permanecer en prisión.
Cuatro ministros, además de la delegada del Gobierno en Cataluña, se han referido a este asunto de modo inequívoco. Antes de nada, conviene recordar que, en su momento, Sánchez ya tuvo un gesto de acercamiento a Puigdemont y Torra, cuando envió a Cataluña a dos aliadas de las tesis nacionalistas. La primera fue la propia ministra para la Administración Territorial, Meritxell Batet, con un mandato especial para hacer tratos con el president; la segunda fue la nombrada delegada del Gobierno en aquella comunidad, Teresa Cunillera.

En su día, en tiempos de Rubalcaba, ambas rompieron la disciplina de voto en el Congreso de los Diputados cuando votaron a favor del llamado “derecho a decidir”, es decir, dejar que los españoles con vecindad civil en Cataluña pudieran decidir por su cuenta si querían seguir formando parte de España. Fueron sancionadas, sin más efectos con 600 euros de multa en cada caso. Sánchez las recuperó una vez en la Moncloa.

En el proceso de ir preparando el ambiente para ver cómo se lo toma la opinión pública, fue la propia Meritxell la que abrió el fuego comentando que era difícil negociar con Torra con presos en la cárcel. Y para sorpresa, el propio Borrell, a quien se tenía como un ariete o contrapeso contra el nacionalismo, venía a decir poco después cosa parecida.

Pero fue finalmente Teresa Cunillera, delegada del Gobierno en Cataluña la que afirmó sucesivamente que era partidaria de otorgar el indulto a los presos separatistas, “si lo piden” y en todo caso, de su inmediata puesta en libertad. Y aunque su propia camarada Maritxell salió al paso para desmentir que el Gobierno tuviera, por ahora, tales previsiones, la propia vicepresidenta del Gobierno señora Calvo, remataba la semana aseverando que no tiene sentido que los políticos presos sigan en la cárcel si se alarga el proceso.

Esta última ha sido la más significativa, dado su cargo: el proceso tiene un tempo que no se puede forzar. Los presos preventivos los son para evitar el riesgo de que se unan a sus compañeros fugados e incursos en los mismos hechos.
¿Qué es lo que se atisba detrás de todo esto? Sin la menor duda, que Sánchez tiene que ir dando pruebas de que va a atender la reclamación o contravalor que le exigen que cumpla los que lo llevaron a la Moncloa. Es de agradecer, en este sentido, la sinceridad de los de Esquerra Republicana que de modo descarnado le dicen: “Si quiere que aprobemos los presupuestos, suelte a los presos”.

¿A tal nivel lleva el chalaneo? Parece que sí.
Si faltaba alguna pieza, el ministro de Fomento, José Luis Ábalos, ha pronunciado este domingo un discurso en Cataluña en el que ha responsabilizado al propio Estado en manos del PP de provocar la secesión de Cataluña (“Un Estado que se independizó de Cataluña”, dijo literalmente). Ábalos, que en enero de este año declaraba que el PSOE nunca llegaría a la Moncloa con los votos de los independentistas, “porque tienen otro concepto del Estado”.
También sorprendió que calificara de “declaraciones de humanidad” de la delegada del Gobierno en Cataluña, Teresa Cunillera, de indultar a los separatistas presos, sin la menor crítica a los hechos que los condujeron a esta situación. Paños calientes para responsabilizar a otros de ser los promotores de la rebelión de una parte de Cataluña.

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