Pasarse de frenada

Vivimos en una época de consumo compulsivo y no me refiero sólo a la compra de objetos sino al consumo general: música, moda, deportes, series, bebidas energéticas, tatuajes, instagram, etc.
Es como si se nos inoculara una sustancia que nos convierte en adictos obsesivos a una tendencia, a una marca, a un evento deportivo o un canal de pago de televisión.

Así funciona ahora la televisión y por extensión el mundo. Usted ve en su cadena de pago (esa de 10 euros al mes que siempre terminan siendo 12 o 15) una serie de narcos y a partir de ahí todo lo que le ofrecen son series y películas de narcos. Dicen los entendidos que eso es el resultado del uso de algoritmos, que no de logaritmos como dijo Iglesias. Pero lo verdaderamente llamativo es que son decenas las series y películas sobre narcos: narcos gallegos, andaluces, colombianos, mexicanos, mismo venezolanos.

A lo mío. También empiezo a tener la sensación de que en temas de feminismos (lo pongo en plural porque no creo que haya sólo uno), igualdad de oportunidades y, en general, en toda la temática que tiene que ver con las mujeres y su papel corremos el riesgo de pasarnos de frenada.

Para que usted me entienda le pongo algunos ejemplos que, como se dice ahora porque es “tendencia”, han “incendiado las redes”. Ejemplo número uno: Hace unas semanas la magnífica tenista Selena Williams montaba su numerito en la pista a gritos con el árbitro. En segundos las redes se llenaron de mensajes de apoyo afirmando que se trataba de discriminación por ser mujer y además negra…

Ejemplo numero dos: en la pasada Carrera de la Mujer en A Coruña las redes también se “incendiaron” por el contenido de la bolsa de regalo que se le entregaba a cada participante: leche para cocinar, infusiones para un vientre plano, y un ejemplar de la revista Hola.

Tercer ejemplo: esta vez en Reino Unido, el Manchester Art Gallery decide retirar el cuadro “Las hilas y las ninfas” obra del artista John William Waterhouse, en el que un grupo de ninfas desnudas intenta seducir a un apuesto joven. La explicación del director del museo fue que “la fantasía erótica de la época victoriana podría herir los sentimientos del feminismo”.

Podemos decir, si nos atenemos a la simple corrección política, que el debate y la reflexión son libres y siempre positivos, sí. Pero creo que francamente estamos errando el tiro y nos estamos pasando de frenada.

Hablemos de igualdad, sí. Hablemos de las diferencias salariales, hablemos de por qué las mujeres no estudian las carreras más demandadas y mejor pagadas, hablemos de por qué las mujeres no están dirigiendo las universidades cuando son mayoría entre las alumnas, hablemos de por qué sólo hay dos jefas de servicio en cardiología en los hospitales españoles…

…Y por cierto, siempre leo el Hola -o similar- en la peluquería.

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