La realidad que viene

 

 

La carta revolución industrial, la mayor revolución de la historia, ya está aquí y empieza a cambiarlo todo. “Cualquiera que sea consciente de las implicaciones que los cambios van a tener en nuestras vidas siente vértigo. Estamos en medio de un torrente, no vemos ni siquiera las orillas, no sabemos dónde estamos”, decía en abril Luis Miguel Varela, decano de la facultad de Físicas de la USC. De lo que se trata, añadía, es de aferrarse a algo seguro que nos permita seguir a flote y este salvavidas es el conocimiento que se adquiere en las aulas.

Por eso, señalan otros expertos, las escuelas y universidades deberían estar reinventando y adaptando sus planes y programas educativos a la nueva realidad que viene que demandará “profesionales cualificados, curiosos, flexibles, versátiles y digitales para empleos desconocidos hasta ahora” que serán “desempeñados por menos asalariados y más Freelance. En 1989 este colectivo representaba un 6 por cien de la mano de obra en EEUU y en 2020 llegará al 43 por cien”, según un estudio de la red social LinkedIn.

Las manifestaciones del decano de Físicas y lo entrecomillado están en las hemerotecas, son titulares de informaciones aparecidas en los periódicos en los que los expertos alertan sobre “el mundo que viene”, mejor aún, el mundo que ya está aquí.

Para ese nuevo escenario “ya no valdrá tener una formación, sino que será necesario adquirir nuevas capacidades y desarrollar habilidades interpersonales, como la gestión de riesgos, el liderazgo o la inteligencia emocional”, según un informe elaborado por PwH y Said Business School de Oxford sobre el impacto de las tecnologías, la automatización y el futuro del mercado laboral. ¿A dónde quiero llegar? Sencillamente a que estas alertas deberían mover a las autoridades políticas y académicas a sentarse y tomar en serio la educación –en todos los niveles– diseñando el aprendizaje innovador que capacite a los escolares y universitarios para hacer frente a la nueva era que trae cambios permanentes y acelerados que marcarán la vida social y el mundo económico-laboral.

Lamentablemente, mientras la dinámica de cambio exige formar para el futuro que se avecina, aquí estamos entretenidos en otras historias menos importantes. En el comienzo del nuevo curso, se siguen aplicando parches y remedios paliativos –que comentaré el miércoles– que no van en la dirección de conseguir que la educación sea la clave para el progreso del país.

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