Pocas luces

He paseado por las calles de París y he visto a la ciudanía consternada al saber que, durante las próximas Navidades, Vigo le arrebatará el tradicional y tan querido título de “ciudad de la luz”. Es el comentario más propagado desde Saint-Denis a Orly, desde los Altos del Sena a Montreuil. Intentaban calibrar la importancia del anuncio realizado por el compañero Abel Caballero, el alcalde ¡no va más! vigués, dispuesto a batir todos los récords lumínicos del mundo.

Ha dicho Caballero, y lo cumplirá con creces, que nueve millones de bombillas iluminarán la Navidad de Vigo. ¡Tiembla París! Levantará un nuevo cono/árbol de luz y será el más grande del mundo, razón por la que en Berlín han creado un gabinete de crisis, lamentando la pérdida de ese honor. El edificio del ayuntamiento vigués lucirá un cartel encendido de más de cien metros cuadrados y, además, se iluminarán trece fachadas emblemáticas. Escuchado el anuncio, el alcalde de Nueva York se ha apresurado a duplicar los luminosos de la 5ª Avenida.

Sin embargo, ha sido en Londres donde menos ha importado el proyecto de Abel, al prometer colgar 1.478 guirnaldas incandescentes. Los ingleses, con la cosa del brexit, no están para competiciones. Y en Tokio han guardado silencio, pero la amenaza ha llegado a los sensibles corazones de los japoneses. He sabido que están francamente impresionados por los mil arcos, las bolas de doce metros de diámetro y los 325 árboles de luz anunciados por ¡el no va más! Caballero.

Sin embargo donde realmente se han despertado todas las alarmas ha sido en el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. Cuentan las lenguas viperinas que Abel Caballero ha pedido al ministro del ramo, Pedro Duque, una entrevista para que, desde su experiencia de astronauta, le explique cómo se verá Vigo desde fuera de la tierra en estas Navidades gloriosas.

Y, al parecer, el ministro se ha mostrado complaciente. Ha mandado imprimir los mapas nocturnos enviados por los satélites. En ellos se muestra la magnitud luminosa de la península ibérica, ya que somos los europeos con mayor gasto público en alumbrado por habitante. También somos el segundo en términos absolutos. Ciudades como Sevilla, Madrid o Barcelona, desde el cielo parecen volcanes en plena erupción. Por tanto, sumar a ese gran gasto algo más de un millón cien mil euros para plantar luces y luego consumir electricidad sin pudor en Vigo no romperá la economía nacional.

En el mapa, que Pedro Duque mostrará a Caballero, se puede ver como hasta la España despoblada se enciende cada noche propagando la contaminación lumínica y rompiendo la harmonía natural necesaria para que los distintos ciclos vitales cumplan sus funciones en beneficio de las plantas, de los animales y de la salud humana. Pero no nos asustemos, la contaminación de Vigo no matará gaviotas, ni incidirá en el cáncer de próstata de los ciudadanos, ni impedirá la segregación de melatonina, tan necesaria para el sueño. Ni nadie podrá decir, por siempre jamás, que el compañero Abel Caballero es un político con pocas luces.

 

Es necesarios estar conectado para escribir un comentario Conectar