En Cataluña se busca un mártir frente al Estado

Hay algo más peligroso que esa escalada verbal, negadora de las normas que regula la vida social de los españoles, que ya forma parte del lenguaje cotidiano del presidente de la Generalitat de Cataluña. Lo diré claro: se busca un muerto. Precisan un muerto, un héroe, un mártir para redondear el memorial de agravios, “de los ataques del Estado a un pueblo pacífico que solo quiere votar” , luego de haber aireado la mentira aquella de los mil heridos cuando el Estado, ante la inhibición de los mossos, tuvo que hacer cumplir la orden de la fiscalía para impedir un referéndum ilegal. Conviene recordar que dos prestigiosos catedráticos de Derecho de la Universidad de Barcelona salieron al paso con datos incontrovertibles de aquella patraña que se lanzó al mundo. Y que Puigdemont sigue teniendo como eje vertebrador de su discurso.

Y dentro de este clima, denota en que situación estamos, cuando, en medio del lenguaje cotidiano de los alzados contra la Constitución, se nos dice que, tras la reunión del ministro del Interior, Grande Marlaska, con el conceller del ramo en Cataluña, en aquella región será normal lo obvio; es decir, que el espacio público es de todos. El ministro dice que este espacio debe “ser neutral para todos los ciudadanos”, en alusión a la polémica por los lazos amarillos. Podemos quedarnos tranquilos

Y esa escalada de violencia, no sólo verbal, sino física, con quienes quieren limpiar los espacios comunes de símbolos de los rebeldes, ya llega al paroxismo. El líder de los Mossos d´Esquadra separatistas, Albert Donaire, abiertamente llama a la insurrección y “abrir las cárceles” de Cataluña donde esperan juicio los líderes procesados: “No lo podría impedir el Gobierno porque “no tiene el control del territorio”. Somos más fuertes. Si somos muchos, España no controlará Cataluña ni con todos los policías y militares del Estado”.

Una de las evidencias de la situación real que vive Cataluña responde a lo que los griegos llamaban la “anomia”; es decir, la falta de respeto a la norma. Pero de un modo particularmente perverso: no existen otras que obliguen a los ciudadanos que las que dicta la Generalitat. Se han ignorado y se sigue anunciando que no se reconocen ni reconocerán las que dicte el Estado, empezando por la propia Constitución. Y paradójicamente, si existe la capacidad de que el Parlament y la Generalitat dicten normas se debe a que ambas instituciones derivan de la Constitución que se quebranta.

La sociología ha estudiado este fenómeno, el de “anomia”; insisto, en el sentido de la falta de respeto a la norma, como una de las razones que explica las conductas criminales, al margen de las que regulan la vida social. Y en este sentido, nos hallamos ante un fenómeno particularmente perverso y que se inscriba dentro de las teorías de la tensión social, o “cuanto peor, mejor” para llegar a los objetivos perseguidos. En ese contexto hay que situar los desafíos constantes y los excesos verbales del presidente vicario Torra, quien todos los días desafía al Estado, anuncia que no va a cumplir las normas que lo obligan como máxima autoridad del Estado en Cataluña y todo lo que conocemos.

Las manifestaciones –no corregidas en modo alguno- de determinados mossos d´esquadra, su participación activa en la colocación de lazos, amenazas a quienes los quitan y los repetidos llamamientos a la rebelión armada, denota que la anomia de una parte al menos de quienes, para ser lo que son deben jurar o prometer cumplir y hacer cumplir la Constitución se ha instalado en sus cuarteles.  Ahora sabemos más de los planes elaborados por Puigdemont y los suyos para dar cobertura a la indisciplina de los mossos, ta evidentemente mostrada. En el proceso contra la rebelión, entiendo que deberían deponer todos los mossos que, de modo activo o pasivo intervinieron en la jornada del 1-O y por qué no se cumplió la orden de Fiscalía de Cataluña que, para evitar la “consumación del delito, requisasen urnas y todo material destinado a preparar y celebrar el referéndum del 1 de octubre”.
El artículo 4 de la Lei 10/1194 de 11 de julio, del Parlamento de Cataluña, de la Policía de la Generalitat-Mosso d´Esquadra-, señala “Antes de tomar posesión, los miembros de los Mozos de Escuadra han de jurar o prometer acatamiento a la Constitución como normal fundamental del Estado y al Estatuto de Autonomía, como norma institucional básica de Cataluña”. O sea, que están obligados a guardar y hacer guardar la Constitución por encima de todo. Con el Código Penal en la mano, un mosso que, de modo ordinario, con o sin Estado de Sitio o militarizado, según el caso, que se negara a cumplir sus deberes policiales, conforme a la legalidad vigente, podría incurrir entre otros, en estos supuestos: Abandono de destino y deber de perseguir delitos. Desobediencia. Rebelión. Y en caso extremísimo, sedición.

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