¿Un país a la deriva?

 

Son muchos los años que España lleva sufriendo problemas de deuda. A veces de deuda privada, como en la reciente crisis financiera, y casi siempre, de deuda pública. Tanto es así que José Carlos Díez, profesor de Economía de la Universidad de Alcalá, se pregunta si España volverá a tener que reducir su deuda forzada por una fuga de capitales y con otra crisis económica como sucedió en 2012 y en los últimos 300 años.

Por mucho que toda la clase política siga entretenida con los másters y la exhumación de Franco –asuntos de indudable interés, pero no prioritarios para el bienestar general de todos los españoles–, los expertos en economía siguen a lo suyo, avisando de nuevas amenazas para España. Si esta vez vuelve el lobo que nadie diga que no estaba avisado. Empezando por el Presidente del Gobierno y por su ministra de Economía. Hablamos, obviamente, de las cosas de comer.

A las advertencias más o menos explícitas del FMI, la UE y el BCE se suman mensajes rotundos de Jean-Claude Trichet, expresidente del Banco Central Europeo; José Carlos Díez, profesor de Economía de la Universidad de Alcalá, y José María Gay de Liébana, profesor de Economía de la Universidad de Barcelona, entre otros académicos. Pero la estampa de la política española ha llegado a un punto que no puede ser más disparatada.
La Oposición, tal vez cabreada ­—y desorientada— por la pérdida del poder, se ha enredado en una serie de asuntos que, en el fondo, no le conducirán a ninguna parte ni reportarán nada positivo para la gente. Volver a las andadas con el franquismo y con el “y tú más” denota escasa altura de miras.

El Gobierno no se queda atrás. Instalado en un mundo irreal, se dedica a hacer brindis al sol y a negociar imposibles, lejos de asumir los condicionantes económicos que señalan los expertos desde dentro y desde fuera de España. La manida metáfora del rey desnudo se queda corta.

Digásmolo claro: La bomba de la deuda amenaza con estallar. Es todo muy complejo pero a la vez es más sencillo de lo que parece: Todo lo que España produce, todo el Producto Interior Bruto, se debe. Cada año se acumulan miles y miles de millones de euros en deuda, lo que denota que faltan ingresos fiscales. La principal partida de gasto del Estado sigue siendo la deuda. En cifras absolutas, la deuda pública está en récord histórico: España debe 1,163 billones de euros. El Estado, incluidas sus comunidades autónomas, y la Seguridad Social adeudan más que nunca.

El Gobierno tiene que subir los impuestos o ajustar los gastos improductivos. O ambas cosas a la vez. Pero lo que no puede seguir haciendo, de manera indefinida, es no subir los impuestos ni ajustar el gasto, al tiempo que presume de sus alegres pactos con Podemos. Salvando todas las distancias que se quiera, en Argentina practicaron esa política populista y están en bancarrota.

No se trata de ser catastrofistas, sino realistas. La Ministra de Economía, en un artículo de su puño y letra y en una reciente conferencia, ha dado un par de toques de atención —severos—, pero nadie le ha hecho caso. Esta ministra no tiene peso político y el Presidente del Gobierno, que es doctor en economía, parece haberse olvidado de lo mucho que sabe. Lo dicho: ¿Volverá España a tener que reducir su deuda forzada por una fuga de capitales? Palabras mayores, luces rojas…

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