¡SSS: qué mal perder!

 

Sobre las celebridades de todo tipo suelen correr una serie de las llamadas leyendas urbanas; es decir, de historias que de ellas se cuentan, mitad verdad, mitad mentira, que se propagan de boca en boca, que los medios airean  y que con el tiempo se van distorsionando hasta el punto de que hasta los más enterados malamente pueden al final distinguir entre la realidad y la ficción. Ocurre así con personajes relevantes en cualquier actividad pública y, por supuesto también, en el ámbito de la política.

Soraya Sáenz de Santamaría (SSS), la otra poderosa mano derecha de Mariano Rajoy durante casi veinte años, ha dejado la primera línea de la política activa para emprender “una nueva etapa”. Pone así fin también al llamado “marianismo”. Se queda de momento como militante de base del partido, es de suponer que sumida el anonimato del colectivo.  De ella se ha dicho que hasta hace muy poco era la mujer que más poder acumulaba en España sin tener sangre azul. ¿Leyenda urbana?

Quienes sostienen esta versión mencionan que presidía casi una veintena de comisiones internas del Gobierno, que vigilaba cada papel que se movía en el Ejecutivo, que manejaba y utilizaba en su favor los informes del CNI, que era imprescindible para  Rajoy, y que dirigía cada decisión del Consejo de ministros. Por ser, y en una incomprensible dejación de funciones por parte del anterior inquilino de Moncloa, hasta ha sido presidenta efectiva de Cataluña mientras se aplicaba el 155.

Era lugar común atribuir al entorno de SSS mucho del llamado “fuego amigo” que se aseguraba corría por las filas del PP. Y de su enemistad política  con la ex secretaria general María Dolores de Cospedal se ha dicho de todo.

Blindada por su compacto y fiel círculo de confianza conocido como “los sorayos”,  para bien o para mal casi todo lo que pasaba en un despacho oficial y sus alrededores se le atribuía a ella: nombramientos, recursos, favores en medios de comunicación, filtración de noticias, escándalos… ¿Todo verdad?

Así creció la leyenda que va, para unos, de la mano firme a la mano negra que sostiene la leyenda alternativa. Ésta le atribuye su escasa implicación con el partido en los muchos momentos difíciles vividos y, sobre todo, la decoloración ideológica que había llevado al PP a  buscar la neutralidad moral para no provocar rechazo en el electorado que vive de espalda a los principios.

Supongo que a partir de ahora también se le achacará el mal perder que ha tenido. Su tenso y casi rabioso gesto de cara cuando entraba en el salón congresual en que se anunciaría su derrota, fue prueba evidente de un disgusto por encima de lo normal. Tal vez haya sido el fracaso peor asumido en este tipo de luchas por el poder.

SSS no lo ha disimulado en absoluto. Incluso en su comunicado público de despedida ha seguido insistiendo en una verdad a medias; o sea en una falsedad: en el supuesto “apoyo mayoritario de los militantes” en las elecciones primarias previas al propio congreso, como si los compromisarios de la segunda fase que cerraron el proceso electoral interno no hubieran sido también afiliados del partido.

Mal perder así mismo  en otros gestos y desplantes hacia Pablo Casado. Puede, por tanto, que no haya en ella tanta leyenda urbana como se le atribuye; que en realidad sea una mujer, como vulgarmente se dice, de armas tomar. Y no en el mejor sentido de la expresión. Digan lo que digan de cata a la opinión pública, en el PP se habrán sentido aliviados con su retirada.

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