Los bandos del olvido

 

Decía el escritor modernista, Aldous Huxley que “quizá la mayor lección de la historia es que nadie aprendió las lecciones de la historia”. En verdad, ese aprendizaje necesario hacia lo que fuimos lo encuentramos en cualquier tratado de filosofía social que busquemos. Nos lo repiten desde Confucio hasta el historiador contemporáneo Preston. Y no sé si precisamente por tanto repetir, siempre ejecutamos una mirada global y equidistante hacia otro lado.

Para aderezar este principio del nuevo curso político,nos han ofrecido una metafórica francachela sobre el 40 aniversario de nuestra Constitución. Alabada sea nuestra historia y nuestro singular peculio. Y como estamos en tiempos de imagen y destreza del montaje visual, nos han presentado un video para promocionar tan importante celebración. Y mira que nuestra magna cumpleañera podía dar mucho argumentario que digerir y recordar. Los derechos sociales, las libertades de todos,la protección del equilibrio social,el reconocimiento de nuestras diferencias nacionales…. En fin, buen momento para darle una repasadita a nuestra estimada ley de leyes y su estado de salud.

Por el contrario, nos han traído a colación un relato preconstitucional para volver a remover el avispero. Entrañable el escaso reencuentro de menos de dos minutos entre dos combatientes de la guerra civil española. Y todo para hablarnos de reconciliación. Me evoca a mi frágil tronco familiar con alguien que podría estar en ese video. Cuantos de nosotros tendríamos a nuestro padre o a nuestro abuelo en esta feliz aparición. Claro, siempre y cuando hubieran tenido la misma suerte que los protagonistas visuales y sobrevivir a una guerra y además, subsistir a los tiempos posbélicos con un holgado periodo de dictadura franquista en la historia de este maravilloso país. Hablar a estas alturas nuevamente de bandos civilistas que no trajeron nada bueno y la posterior toma del poder por parte de unos militares sublevados y sedecionistas, confunde nuestras propia autobiografía y descoloca la tan frágil convivencia. Fueron más de 500.000 combatientes los que murieron en este terrible enfrentamiento civil, pero son más de 100.000 los desaparecidos que siguen en cunetas olvidadas. Referentes arrinconados en esta búsqueda de concordia para superar este imperecedero dolor en las tripas de esta España nuestra.

Por otro lado,auspiciar la reconciliación a partir de la guerra civil, es la mendacidad histórica de lo que fuimos y de lo que parece que nos quieren contar. La memoria de cuatro largas décadas no se pueden aniquilar con un hecho bélico como aquel. Nuestra memoria debería caminar otros cuarenta años más donde la autarquía dominante dejó a muchos por el camino y a otros, más de 450.000 exiliados, a hacer senda por diversidad de espacios internacionales para seguir salvando su vida. Ya lo decía Orwell que “toda la propaganda de guerra, todos los gritos,mentiras y odios,provienen invariablemente de gente que no está peleando”. Demasiado dolor que nunca sirvió para reconciliar nada pero sí que necesitó inmensos olvidos para seguir viviendo más de cuatro decenios a muchos. Y este es en verdad nuestro gran drama.Nos enseñaron a olvidar dejando envueltas demasiadas heridas y postergando la curación de excesivas injusticias.

Como buenos acreedores del refranero, ya saben aquello de que el tiempo todo lo cura. Olvidamos, en cambio, otras alternativas como las descritas por Hebbel en alguno de sus poemarios cuando define la historia “como el cauce que el río de la vida se abre a sí mismo”. Tal vez sea momento para limpiar esta lodazal charca en la que hemos contribuido todos y abrir remansos donde comencemos a navegar con dignidad y futuro.

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