El vetusto armario

Nunca me sucedió algo así. En una búsqueda agitada andaba yo cuando me di de bruces con un bolso de pajilla, grande y pasado de moda, del que saqué un echarpe, hecho a mano, suave como pluma de ganso y amoroso como la dulce manta que envuelve nuestros sueños. Al contacto con él se me vinieron a la mente todas las circunstancias que llevaron de la mano esa delicada prenda a aquel recóndito lugar llamado “el armario de Chindasvinto” (miren si será viejo).

Hace muchas lunas, una compañera, amable y diligente, se empeñó en tejerme un chal plateado para lucir en uno de los escasos saraos a los que asisto. Al principio me negué, pero  al verla decepcionada decidí aceptar  y el éxito fue muy notable.

Lo mismo que a un arpa se le arrancan sonido diferentes, según la cuerda pulsada (y tiene cuarenta y seis) así este chal me inspira diversos pensamientos, a medida que lo deslizo entre los dedos. He vuelto a guardar su regalo con un infinito cuidado, pues para mí es un tesoro digno de guardarse en paño dorado.

Y entonces pensé una cosa que me asustó: esta compañera tan gentil ¿está viva o nos ha abandonado?, porque no tengo ni idea, de dónde puedo encontrarla, es como si se la tragara la tierra.

Ojalá estés con nosotros y si no lo estás, a tus pies, amiga mía. y que seas feliz.

 

Otilia Seijas es escritora

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