Desafortunada postura de Pablo Casado

  El hartazgo de los lazos amarillos se ha convertido en algo insufrible. Lo que se inició como una insidiosa manifestación de solidaridad con los políticos presos  y la pretensión de ser considerados como presos políticos, continuará dando la matraca hasta el grado de que nuevamente será tratado en la próxima Junta de Seguridad entre  los gobiernos de España y Cataluña a celebrar el próximo jueves día 4, en la que como todos esperamos se recrudecerán las hostilidades verbales.

   De un trozo de tela lucido en la solapa, enseña muy en boga durante estos últimos años, y en esta ocasión como signo de victimismo, el separatismo catalán lo ha convertido en una incitación de agresividad para estigmatizar a todos aquellos catalanes no independentistas, cuya representación supera a más de la mitad de los gobernados.

   Mal está la utilización del citado lazo como llamada a la desobediencia al Estado, pero lo que resulta de todo punto inadmisible es la colonización del espacio público y con la colaboración de la Generalidad, toda una dejación como función primordial por parte del Estado, garantizando asegurar la neutralidad de la calle y la libertad de sus ciudadanos.

   Como sucede casi siempre, este tipo de conflictos son aprovechados por los restantes partidos, tal como es el caso del enfrentamiento suscitado entre Pablo Casado (PP) y Alberte Rivera (Cs), al desmarcarse los populares de la retirada personal de los lazos, tras haberla fomentado inicialmente, escudándose en que tal actitud generará una crispación estéril, ocasionando una demostración de reproche hacia Rivera y Arrimadas, que personalmente protagonizaron la retirada de los susodichos lazos en Barcelona. Postura inaceptable por parte de Casado, tratando de evitar el que se le acuse de seguidísimo de Rivera.

   Tanto votantes constitucionalistas en Cataluña como electores del centro-derecha de toda España, no admitirían que el PP se equivocase de adversario en un tema tan sumamente delicado. Si Casado comienza a decantarse por comportamientos  similares a los de Rajoy, perdería gran parte de su prestigio comenzando por su propia militancia, justo en el momento más inoportuno cuando precisamente el secesionismo catalán tiene previsto reforzar sus ataques contra el Gobierno Central, aprovechando la próxima Diada y el aniversario del I-O. Desafortunada estrategia la de Casado que Inés Arrimadas aprovechó para recordar que Rajoy no hizo nada contra el maldito lazo cuando gobernaba…..¡¡Tiempo al tiempo!!

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