Franco ha vuelto

Retorciendo un poco el “Franco ha muerto” con que un afligido Arias Navarro anunció en su momento el fallecimiento del entonces  jefe del Estado, Francisco Franco, bien puede decirse estos días que Franco ha vuelto. Y lo ha hecho con ocasión de la exhumación y desalojo de sus restos del Valle de los Caídos que pretende el Gobierno de Pedro Sánchez.

Aún es pronto para saber cómo se resolverán uno y otro extremo. Pero, decisiones judiciales aparte, en una sociedad civilizada y más si se proclama Estado de Derecho la última palabra para remover una fosa deberá estar en manos de la familia.  

Es, como digo, lo que está por ver: cuál será finalmente la voluntad de ésta. Y lo que pretende saltarse el Gobierno en una especie de lanzamiento al vacío: si la familia se opone, no se pronuncia con la claridad debida o va más allá de los apremiantes plazos que se le han marcado, lo hará él mismo. Él será quien designe el lugar donde Francisco Franco repose “con dignidad y respeto”. Posiblemente, algún almacén ignoto de alguna ignota dependencia militar. Podrían invocarse antecedentes en tal sentido.

Como bien se sabe, el Consejo de ministros aprobó el viernes último un decreto ley por el que se modifica la ley (2007) de Memoria histórica (o mejor, de Desmemoria), en el sentido de que en el mausoleo de Cuelgamuros sólo podrán yacer los restos mortales “de personas fallecidas a consecuencia de la guerra civil española como lugar de conmoración, recuerdo y homenaje a las víctimas de la contienda”.

El que fuera jefe del Estado no cumple con esas condiciones. Franco, pues, objetivo principal de la reforma, fuera del Valle, saltándose lo que haya que saltarse, cuanto antes y, según se ha adelantado, de tapadillo; sin que se sepa el día ni la hora. En todo caso, antes de que en diciembre se conmemore el 40 aniversario de la Constitución. Salvo que los jueces lo impidan, la voluntad política de Pedro Sánchez y su Gobierno parece llamada a llegar a término.

Con todo, en el decreto ley de marras no concurren la extraordinaria y urgente necesidad que justificarían una norma de tal naturaleza, por lo que muy probablemente el TC no la dará por buena si algún recurso le llega, habida cuenta de lo exigente que el alto tribunal se viene mostrando al respecto en sus sentencias.  

Pero eso al Gobierno parece darle igual. Como igual le da que la exhumación de Franco entierre el espíritu de reconciliación que animó la Transición y el hecho de que los españoles hace ya varias décadas que soterraron definitivamente el franquismo, para entregarse a la democracia; a los verdaderos problemas e inquietudes de cada día.

Al Gobierno se le ha visto muy convencido de que esta batalla política sólo puede ganarla. En los dos terrenos: en lo efectivo del traslado (a pesar de lo que obsten los Franco y aunque el Partido Popular decida acudir al Constitucional), y ante la opinión pública española, que lo que quiere desde hace tiempo es pasar página y que ahora no dará mayor batalla.

Junto con la laminación que del Senado se pretende y la insólita purga que se está practicando en RTVE, éste del desalojo de Franco de la tumba donde sus restos mortales yacen desde hace 43 años es un gran botón de muestra de la naturalidad absolutista con que Pedro Sánchez se ha instalado en Moncloa, decidido a manejar todos los resortes del poder, saltando por encima de cualquier obstáculo. Y sin el menor complejo.

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