El debate sobre Franco

El debate sobre el dictador Francisco Franco, reabierto en España, puede tener todo el sentido que se quiera -de hecho, lo tiene- pero no por ello está fuera de lugar en el tiempo, lo cual aconsejaría no prolongarlo mucho más. O al menos no más de lo necesario. Los demás países del entorno están a otras cosas, y España también debería hacer lo propio. Con la máxima dignidad posible, pero cuanto antes.

Países como el Reino Unido o Estados Unidos no tienen ese tipo de problemas porque sus democracias nunca fueron interrumpidas por dictadores; a lo sumo por algún líder populista. Tampoco Francia, a pesar de sufrir cuatro años de ocupación alemana entre 1940 y 1944. Y los países del entorno de España que tuvieron dictadores sustanciaron semejantes anormalidades hace ya muchos años, y de manera tajante. Y no solo Alemania e Italia, también el vecino Portugal.

En Alemania, según la versión histórica más extendida, Adolf Hitler -derrotado militarmente por los aliados en 1945- se quitó la vida junto a su esposa, Eva Braun, y sus perros en un búnker. Después, sus cadáveres fueron incinerados por fieles soldados de las SS.

En Italia, Benito Mussolini, presidente de la llamada República Social Italiana, fue capturado y ejecutado en 1945 por la Resistencia junto a su amante Clara Petacci. Junto a otros fascistas llegaron a ser ultrajados. El cadáver de Mussolini terminó siendo sepultado.

En Portugal, la Revolución de los Claveles provocó en 1974 la caída de la dictadura salazarista, que dominaba Portugal desde 1926. Marcelo Caetano se rindió y se marchó a Brasil.

En España, Francisco Franco murió en su cama, tras haber ganado una guerra civil (1936-1939) de la que surgió una larga dictadura, hasta 1975. A veces se quiere olvidar que la II República perdió la guerra cuando es un hecho histórico, incontrovertible, que ya no se puede cambiar. Por muchas vueltas que se le dé, la única solución pasa ahora por el consenso político, como en la Transición. Entonces se perdió la oportunidad de hacer la ruptura democrática, en beneficio de la reforma, porque así lo aceptaron comunistas y socialistas con los herederos del franquismo. Cada país tiene la historia que tiene y por mucho que se pretenda maquillar, que a veces se hace, no se puede inventar. Es lo que hay.

 

José Luís Gómez es periodista y editor de “Mundiario.com”

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