Colocados por Pedro Sánchez


Las Administraciones Públicas deben servir con objetividad a los intereses generales, actuando de la manera más adecuada para los ciudadanos y consiguiendo el cumplimiento de sus fines de la manera más eficiente posible. Sin embargo, el actual Gobierno está mostrando más preocupación por constituir redes clientelares que por lograr la implantación de una estructura administrativa en el Estado que pueda ser sostenible en el largo plazo con un aprovechamiento de los mínimos medios posibles para lograr los mejores resultados. Los motivos son varios, aunque hay algunos que destacan por encima del resto.

Teóricamente, el nuevo presidente del Gobierno pretendía conseguir la regeneración de las instituciones públicas y el final de la corrupción política. El problema es que, con sus decisiones, Pedro Sánchez está empeorando la situación en todo lo concerniente al fin del abuso de los recursos públicos, que debe ser uno de los principales fines de toda regeneración política que pretenda materializarse. Ha incrementado los gastos de los ministerios en un 30% y ha subido el coste de los cargos de confianza en un 25% por colocar a todos los que podía ubicar en la nueva estructura administrativa que implantó tras ganar la moción de censura.

El objetivo del nuevo Gobierno parece ser, esencialmente, constituir un entramado organizativo que pueda servir para contentar a sujetos relevantes para perpetuar su existencia. Por ese motivo, Pedro Sánchez está aplicando, desgraciadamente, reglas propias del caciquismo más salvaje, con las que pretende lograr la fidelidad, dentro y fuera del PSOE, de numerosas personas cuyo apoyo va a necesitar para presentarse a las próximas elecciones generales con posibilidades de conseguir un resultado medianamente decente para continuar en el Gobierno con apoyos de otros grupos o, al menos, para continuar liderando su partido político. Así se ha hecho en numerosas ocasiones por diferentes partidos, como puede deducirse atendiendo a las actuaciones del PSOE en Andalucía y del PP cuando gobernaba en la Comunidad Valenciana.

Ya ha quedado demostrado que cualquier líder político que diga que desea regenerar las instituciones puede tener, como única finalidad, dirigir las mismas para disfrutar de aquellos factores que favorecieron a sus rivales políticos. Es lógico, pues resulta complicado para un dirigente no caer en la tentación de saborear el mismo poder que tuvieron aquellos que le precedieron.

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