Serpientes de verano

En mis inicios en el mundo del periodismo, cuando la información general no estaba al alcance de los que trabajábamos en la radio, recuerdo que en mi primer verano que compatibilicé con los estudios de Medicina, mi redactor jefe me habló de algo que a mí en verdad me sonó a chino: las serpientes de verano. Como es lógico le pregunté qué significaba esa definición. Me respondió con celeridad: Son esas noticias que generamos en las redacciones y que son como auténticas serpientes de verano que desaparecen en un momento determinado dejándonos tan solo la piel mudada como hace el ofidio…

Debo reconocer que en estas épocas de calores, cuando hemos abierto la hoja del mes de agosto las serpientes de verano, en forma noticiable sin mucho crédito, inundan los medios de comunicación sobre todos los que pululan por la red y que por el momento no disponen de una legislación, una norma, para su control. El rey emérito y las presuntas grabaciones a una amiga muy entrañable que lo deja a la deriva como esos barcos que patroneó en muchas ocasiones; las veleidades de Puigdemont y su obsesión por dejar España como un solar; las luchas por el poder entre los independentistas que  cada vez se distancian más en sus postulados y bajan en aceptación popular; el pin pan, pun en que se ha convertido Televisión Española; las navajas que vuelan en el renovado PP con viejos militantes que tuvieron gran poder y ahora son lanzados fuera del ring de la política; las promesas incumplidas del Gobierno socialista que no ha sumado aún sus primeros cien días y que cada vez está más solo por parte de los que le otorgaron la gobernabilidad; la pugna por el poder en el fútbol español con denuncias y contradenuncias y muchos miles de euros de por medio, presuntas agresiones y facturas falsas con marchamo de lo privado…

La lista es muy larga. Lo cierto es que cada medio utiliza las armas a su favor, siempre buscando la audiencia, para reflejar algunas de estas noticias que se están convirtiendo en serpientes de verano y demarcadoras de una actualidad que muchas veces se transforma en compadreos entre tertulianos, esos que saben de todo y que dicen no callarse nada, sin aportar documentación fehaciente que avale su información para que no se siga convirtiendo en un puro rumor en épocas calurosas y de sequía de noticias. Son las serpientes del verano que salen con el calor para que las televisiones puedan facturar horas de emisión y dar cabida a los que las propagan para que los telespectadores luego vayan al medio de comunicación impreso o digital que representan, donde las serpientes cada vez se hacen más grandes.

El rumor, que casi nunca es la antesala de la noticia, se va adueñando de estos informadores que diariamente nos deleitan con sus comentarios en una especie de caza sin límites y que convierten a las tradicionales serpientes de verano de las redacciones en auténticos libelos sin importarles el daño que puedan causar a las personas que sitúan frente a la mira telescópica de sus afirmaciones.

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