Contrabando de Humanidad

Hace cuatro años Javier Maroto, nuevo vicesecretario de organización del PP-Casado, aseguraba que los inmigrantes venían a España a vivir de las subvenciones. Desde entonces hasta hace unos meses el Gobierno de Mariano Rajoy, además de invertir en concertinas fronterizas y poner sordina a la llegada de pateras, no movió un dedo para buscar soluciones al problema de las migraciones modernas que, como a lo largo de toda la historia de la humanidad, han transitado de África a Europa pasando por el sur de España, Italia y Grecia. Estos días Javier Maroto ha asegurado, en un fantástico ejercicio de amnesia absoluta, que la culpa del alza en la llegada de inmigrantes es consecuencia de las políticas del Gobierno de Pedro Sánchez (sic).

Este disparate, como tantos que escuchamos en el ejercicio de la política mediática, es una simple gota de desfachatez en un mar de confusión e intereses del que todos conocemos las consecuencias, intuimos las causas y, a veces, acabamos descubriendo algunos mecanismos sobre los que nadie coloca la lupa de ver las verdades, ni los emisores de inmigrantes ni los receptores. Enredados en la madeja de las disputas de la UE, de las competencias, de los presupuestos… acaban sentados en la mesa de la incompetencia mientras la tragedia humana de los desafortunados transeúntes sigue su curso irremediablemente.

La Historia nos enseña que los movimientos de masa humana siempre se han producido por cuestiones sociales y económicas. Por la península ibérica hemos visto pasar o quedarse a celtas, romanos, suevos, vándalos, alanos, godos, africanos… se han establecido pacíficamente o por las armas, en función de los signos de cada tiempo, pero detrás siempre ha existido una cuestión económica y de poder, aunque se haya disfrazado de religiosa, ideológica o humanitaria.

El fenómeno migratorio actual solo se diferencia de los históricos en que no estamos ante tribus ni ejércitos organizados. En que esa ciudadanía no se mueve de forma reglada, como se hizo con la colonización de América o con la emigración española a Europa durante el franquismo. Pero el negocio se sustenta sobre idénticas bases de explotación, ahora modernizadas hasta el extremo de funcionar con los mismos mecanismos que lo hacía el contrabando de tabaco en las costas gallegas.

Estamos ante un contrabando de Humanidad que produce pingües beneficios a ciudades como Tánger, Tetuán, Nador, Túnez, Orán… en las que operan las mafias organizadas pero también los propietarios de pisos refugio donde se hacinan esperando los inmigrantes, conductores de taxis que los mueven en la clandestinidad, guías y porteadores, importadores de motores y pateras, abogados y leguleyos que los aleccionan, políticos y fuerzas de seguridad corruptos, la mano negra de las estafas, bancos cómplices… ¿No se parece a aquellos entramados del rubio de batea, sobre los que se hacía la vista gorda? Hasta que empezó a morir gente a consecuencia de la droga.

En este contrabando de Humanidad los muertos están servidos desde el primer día. Y son mayoría los pudientes, capaces de pagar todo ese infernal itinerario. Los desheredados se desangran en las fronteras.

Es necesarios estar conectado para escribir un comentario Conectar