El retorno de Aznar

Si usted observa la vida dentro de una pecera verá que los peces giran, se mueven de un lado otro, buscan refugios y establecen sus propias jerarquías de forma permanente. Rara vez un pez nuevo que llega triunfa en solitario. Si no se integra de inmediato en el ritmo establecido por los veteranos, dentro de la burbuja de mar se verá aislado e, incluso, privado de comida hasta morir.

El Partido Popular ha vivido sus primeras elecciones primarias y el XIX Congreso Nacional Extraordinario sin romper los límites de la pecera. El signo novedoso del vencedor representa el retorno del pasado. El espejo continuista de la perdedora ha transmitido la imagen de las habituales contra­dicciones de su organización. La lista más votada por la militancia ha sido derrotada por la representación matemática de las listas perdedoras. Esto es, el juego democrático que el PP ha venido denostando allí donde conseguía ser el primero en llegar a la meta y el solitario desterrado del pódium.

Dentro de la pecera conservadora, ni Pablo Casado ni Soraya Sáenz de Santamaría emitieron ningún signo renovador durante la campaña. El primero asido a los pecios del poderoso Aznar, la segunda proclamando la continuidad de las políticas de un Rajoy defenestrado. Demasiada dosis de tiempos pasados en el terreno de la contienda para que la ciudadanía y los votantes no militantes del PP puedan ser seducidos con la idea de la novedad. Un reclamo que la confrontación con Ciudadanos va a necesitar en unos meses, cuando se anuncien las elecciones municipales.

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