Liderazgo femenino

La escuela de negocios IESE ha hecho pública una nueva edición de su reconocido informe sobre liderazgo femenino: I-WILL 2018. En él se analiza la posición e igualdad de oportunidades de la mujer en 34 países de la OCDE, para lo que toma en consideración un total de diecisiete indicadores en cuatro grandes ámbitos: personal, social, político y empresarial.
El primero tiene en cuenta la capacidad de la mujer para crear nuevos empresas, estudios de Secundaria y universitarios realizados, porcentaje de inventoras y de patentes a su nombre, presencia en los consejos de administración, tasas de trabajo parcial involuntario y desempleo femenino. El segundo analiza el apoyo que reciben y las barreras que encuentran para integrar vida personal, familiar y laboral, edad a la que tienen el primer hijo y la duración de las bajas de maternidad y paternidad, entre otros extremos. Finalmente, la propia denominación indica por sí sola el alcance de las dimensiones política y empresarial.
Pues bien, si España logra índices altos en liderazgo personal (segunda posición sólo detrás de Portugal) y político (séptimo país con mayor número de mujeres en el Parlamento y primero ahora en los Gobiernos), los peores registros se obtienen en el plano social (puesto 29) y empresarial (posición 25) Ello quiere decir, entre otras cosas, que el fuerte empuje de la mujer en liderazgo personal no se materializa luego en oportunidades empresariales.
En cuanto al índice global de liderazgo femenino, cabe decir que en el periodo 2006-2018 objeto del estudio, nuestro país ocupa el octavo puesto y que sólo ha conseguido escalar una posición, mientras que Francia ha subido dieciséis, Eslovenia once, Italia diez y Portugal cinco. Bien es cierto que nuestra ley de Igualdad es de 2007. Por otra parte, Suecia, Islandia y Noruega siguen liderando el ranking. En la cola, Turquía, Japón y Corea del Sur.
Según las profesoras del IESE que han dirigido el estudio, las posiciones ocupadas en materia social y empresarial reflejan que la discriminación viene motivada, sobre todo, “por la falta de conciliación y la necesidad de educar en valores que defiendan la familia y la ayuden”. Y a su juicio, este apoyo no pasa necesariamente por la imposición de cuotas establecidas por ley (aunque sí recomiendan que las empresas se pongan autocuotas para crecer en liderazgo femenino) ni por leyes que, intentando proteger a las madres trabajadoras, les permiten blindarse durante años en su puesto de trabajo, pues entonces el empresario, a la hora de seleccionar un candidato, optará por el que menos lo limite.
La solución pasaría también –añaden- por cambiar los estereotipos, proveer horarios laborales racionales (somos el tercer país por la cola en productividad horaria), por una flexibilidad real que no obligue a reducción de sueldo para compaginar horarios y por políticas de sustituciones que, apoyadas por el Gobierno, no cuesten más dinero a las empresas.

Es necesarios estar conectado para escribir un comentario Conectar